Una nueva forma de ver el mundo

He de decir que antes de tener a mi primer hijo yo era una persona distinta a la que soy ahora, y ya no digo nada después de tener a mi segunda hija. De ser una persona rígida e inflexible en mis opiniones y convicciones al aceptar que todo es posible hay un mundo. ¡Y es que con ellos no hay dos días iguales!

Los que me conocen saben de sobra que cuando me quedé embarazada de mi hijo cundió el pánico. Instinto maternal cero. Nunca me habían llamado la atención los niños. Y de ahí la pregunta que me hacía a diario: ¿qué clase de madre voy a ser yo?? Pues bueno, no soy la mejor madre del mundo desde luego, pero lo intento. Una vez que asumí mi embarazo parecía que todo empezaba a fluir. Empezó a surgir un instinto animal que nunca hubiera imaginado. ¿Miedo a parir? ¿Por qué? Estamos hechas para eso. ¿Un bebé a mi cargo las 24 horas del día? Pues también. Si lo llevo todo puesto: comida, climatizador, música ambiente… soy un hogar portátil para mi hijo.
Supongo que a todas nos cambia el hecho de ser madres, o por lo menos a mi me ha cambiado. En TODO. De no pisar el rellano sin haberme pintado el ojo a salir sin maquillar. De llevar megatacones a ir en deportivas. De oler a chanel a oler a leche y galletas. Pfff y así hasta el infinito. Reconozco que he dejado de ser mujer en muchos aspectos (y con mucho gusto). Y es que es lo que toca… Cuando alguien te dice: “llevas una manchita de leche en la camiseta”. ¿Sólo una? ¡Eso hay que celebrarlo! No pasa nada. Asumo que es una fase, una temporada. Ahora lo primero son mis hijos y como el tiempo es limitado prefiero que sean ellos los que vayan requeteguapísimos y oliendo a gloria.
Hay que asumir que el ahora es lo que cuenta. Antes de la maternidad vivía en el futuro, siempre haciendo planes y poniendo horarios a todo. Pues ya no. No se puede y hay que aceptarlo. El horario lo marcan ellos en todo. Las comidas, los juegos, los lloros (que también hay). Así que esto es lo que hay…. paciencia, que antes no tenía ni gota y que todo fluya.
Hay que oir más a ese instinto animal que te dice en cada momento qué hacer con tus hijos. Y hay que dejar de lado muchos formalismos y muchas normas sociales. Al fin y al cabo lo que cuenta es lo que se disfrute de los hijos y lo que piensen ellos de nosotros, y no lo que piensen los demás. ¿No es cierto?

¿Por qué un blog a estas alturas?

¿Por qué un blog a estas alturas? Nunca hubiera imaginado que la maternidad pudiera cambiarme tanto la vida y mi visión del mundo. Mis dos tesoros han pasado a ser el centro de mi vida y de pensamiento. 

Cada día es una nueva aventura con ellos, se aprenden cosas nuevas, exploras terrenos nunca conocidos (o ya olvidados), regresas a tu infancia y juegas con ellos como una niña más. El tiempo vuela estando con ellos, así que ¿qué mejor manera de inmortalizar y atesorar esos momentos que dedicándoles un blog? Y no sólo a mis hijos sino a todas las pequeñas personitas que nos hacen querer ser mejores y que con una sonrisa hacen que se quiten todas las penas.
No hay que olvidar ni perder de vista que los que hoy son pequeñas personitas son nuestro futuro inmediato y nuestro reto es guiarlos para ser grandes personas. Con amor, paciencia y constancia lo conseguiremos.