Mi último día de no-madre

Recuerdo mis clases de preparación al parto o clases de
maternidad que le llaman ahora con mucho cariño. No hacíamos “gimnasia”
ni ejercicios ni nada que yo hubiera podido imaginar, simplemente eran
pequeñas charlas donde nos indicaban signos de parto, trámites
administrativos con la llegada del bebé, dudas que nos surgían y apoyo a
nuestros miedos.
Un tema muy frecuente era el mito de que las lunas influían
en los partos y nuestra profe de educación maternal lo negaba
profundamente, además de negar que los partos se adelantaban por esta
causa….. JA!
Mi último día de no-madre comenzó a las 6 de la mañana,
como la mayoría de mis días al final del embarazo, ya que mi redondez no
me dejaba dormir a gusto. Ese día me levanté con un afán controlador
totalmente fuera de lo normal. Tenía mil cosas por hacer y tenían que
hacerse a la velocidad del rayo y sin demora. 
Empezamos la jornada con visita a la matrona a las 9 de la
mañana porque me tocaba test basal. Justo ese día hacía las 38 semanas.
Me pone el cinturón, enchufa monitores, se va, vuelve… “Vamos a
verte” me dice. Y cuando acaba de explorar me comenta que estoy de 3 cm
largos. Vale. Pero me quedan dos semanas para salir cuentas, pienso yo
ajena a la luna de ese día (al sía siguiente había una luna llena como una catedral). “Estas muy muy a puntito, cualquier cosa me
llamas y te veo. Tú no tienes molestias ni nada?” Como una rosa estoy,
oiga.
Venga que hay prisa. Que tengo que ir a preparación al
parto. Ese día era importante porque me iban a enseñar cómo hacer los
pujos, así que incluso vino mi marido. Cuando comente que estaba de 3 cm
y lo que me habia dicho la matrona todo fue un “uyyyy  para dias
tienes!!” Vale, vamos a los pujos. Que todo el misterio de los pujos no
es otro coger aire, aguantarlo y llevarlo hacia abajo… Vale, ahora que
tenia la clase magistral ya podía parir sin problemas….
Nos vamos pitando a comer a casa de mis suegros, que mi
marido trabajaba por la tarde y ya nos pillaba el toro. Comemos en modo
flash, el se va al curro y yo me voy a hacer recados (banco,
compras….). Sobre las 2 del mediodía me llama la matrona y me coge en
el indiscreto autobús.
-Hola! He hablado con tu gine y ya le he dicho que tenias muy buena pinta. Como te encuentras?
-Ah vale. Pues bien. Me encuentro bien.
-No tienes ningún dolor ni ninguna molestia?
-No…. Bueno me duelen un poco los riñones y los ovarios, como si me
fuera a bajar el periodo… -(palabras mágicas para que se vuelvan
varias personas a mirarte.)
-Pues no, eso no procede. Seguro que no tienes contracciones?
-Mmmm contracciones? Creo que no… No -Ya la gente te mira como si te
fueras a poner a parir ahí mismo y yo sólo quería que llegara mi parada y
poder desaparecer.
-Bueno, bueno. Cualquier cosa me llamas, que estoy atenta al móvil.
-Vale, vale. Muchas gracias….

Sigo haciendo recados y cuando por fin llego a casa a las 17:30 la pobre
perra estaba desesperada por salir, así que vuelta a la calle. Yo ya
estaba de bajón. Normal por el madrugon, las carreras, los recados….(o
eso quise creer yo). Como ya el cuerpo no me tiraba le solté la correa a
la perra para que pudiera ir a su aire y yo me senté en un banco. Y la
perra que no se movía de mi lado. Cagoenlaleche. Pues nada, ya voy
contigo.

Cuando por fin ya llego de verdad a casa me tumbo en el sofá. Hablo por
telefono con una prima, luego con una amiga, veo un rato la tele…cada
vez estaba mas incomoda me pusiera como m pusiera. Eran las 9 de la
noche y mi cuerpo pedía la cama a gritos, así que puse el pijama
pensando en que cuando llegara mi marido no iba a tener cena, pero yo ya
no podía mas. Fui al aseo antes de meterme a la cama y ahí ya saltaron
las alarmas. Estaba empapada en sangre y no me había dado cuenta.
Tranquilidad. Vivía en las afueras, taxis inexistentes, mi marido
trabajando, los autobuses pasan cada media hora, yo sin carnet….
Calma, calma. Voy a lavarme, que así veremos mejor las dimensiones del
asunto. Vale, pues tampoco sangro tanto. Llamo a mi gine a ver qué me
dice. Que vergüenza, por favor. Seguro que me dice que es normal.
-Llama a la matrona inmediatamente, que ya me ha dicho que estabas a punto.
-Si ya no sangro tanto. Mañana tengo cita contigo a primera hora, mejor esperamos, no?
-Que la llames ya o al final me llamarás en un rato porque te esta saliendo el niño- halaaaaaaaa, que exagerado!!
Pues con toda mi vergüenza llamo a la matrona, que me dice
que vuele al hospital. Imposible. No coche, ni taxi, ni bus…. Tendría
que sacar a mi marido del curro. Eran las 21:15, tampoco le quedaba
tanto para salir pero bueno, le llamé.
-Oye, que la matrona quiere verme, pero no corras eh???? Que no hay prisa. Si me van a mandar de vuelta a casa.
Ni que decir tiene que el ansioso papi en potencia no tardó ni
20 minutos en llegar. Yo ya estaba en la calle esperando con mi maleta. Pero estas bien? Que siiii. Anda pon musica y dame un cigarro, que a
saber cuando puedo volver a fumar.
A las 22:15 me estaba viendo la matrona otra vez. 5 cm largos y plof, rompí aguas.
-Pero no notas las contracciones? Tendrías que estar gritando de dolor…
-Pues…. No
-Ahora tienes una!! La notas?
-Ah si si, es verdad -mentira cochina.
-Vamos a darnos prisa. Sube a la habitación y ponte un camisón que voy llamando a tu ginecólogo y al anestesista
-Pero el niño cuando va a nacer? Esta noche o mañana?
-YA!! Nace ya!!!

Pero si yo no estaba mentalizada ni preparada para parir aún. Ay que
estrés. Y cuando subo a la habitación, me pongo el camisón y espero a
que me vengan a buscar para bajar a paritorio por fin noto las
contracciones. Tampoco nada del otro mundo, como un dolor de ovarios
fuerte, pero oye, que me fallaban las piernas de puros nervios.
A las 23:35 había llegado mi niño. Más rapidez para ser primera imposible. Eso sí, una hora cosiendo, pero eso es otro capítulo…
Las lunas no influyen en los partos….. el equipo médico de mi gine hizo noche en el hospital… 5 partos más espontáneos! Hay mitos y mitos, pero doy fe de que la luna afecta a los partos. Palabrita.

Lactancia en Libertad

Hace tiempo que tendría que haber hablado de esta asociación a la que tengo el orgullo de petenecer, pero mi tiempo es muy limitado y Lactancia en Libertad se merece las mejores palabras que les pueda dedicar.
Todo empezó con esa mamá que fué expulsada del Primark de Valladolid por estar dando el pecho a su hijo mientras realizaba sus compras. A partir de ahí hubo una revolución de madres y padres dispuestos a gritar a los cuatro vientos que semejante injusticia no era posible. De pronto, vía facebook me vi metida de lleno intentando organizar la concentración de Zaragoza. Menos mal, que conté con la maravillosa ayuda de la matrona del centro de salud del Arrabal que me ayudó muchísimo a difundir el evento, al igual que Mamis y Bebés . Mil gracias chicas.
De la forma más “tonta”, vía facebook y whatsapp esas mamás que nos unimos por Primark nos dimos cuenta de que había que luchar por la lactancia y, sobre todo, por normalizar la lactancia en público, así que nos movilizamos para crear la Asociación Lactancia en Libertad. No ha sido un camino de rosas ya que no nos conocemos en persona, somos todas muy distintas y todas mujeres de armas tomar y la palabra escrita no tiene entonación, lo que a veces da lugar a malentendidos. No estamos todas las que empezamos, pero es lógico y normal. El crear algo tan grande como es esta asociación nos supone a todas un enorme trabajo extra (por si ya no teníamos bastante con nuestros hijos, casa, trabajo, obligaciones…), supone quitarnos horas de sueño y horas a los nuestros organizando eventos, preparando papeleo, escritos, estudiando leyes y mil cosas más. 
En los pocos meses que llevamos juntas hemos conseguido cosas muy grandes, como que la marca Danone nos llamara y se disculpara por anunciar leche de fórmula tipo 1 o que Leroy Merlin hiciera hasta una norma interna donde se especifica claramente que no se puede incomodar a una madre que esté lactando. Y la más grande, que el Ayuntamiento de Bilbao haya confirmado el derecho a la lactancia en cualquiera de los edificios dependientes de él. 
Tenemos un largo viaje por delante hasta alcanzar lo que más anhelamos: una ley que proteja la lactancia en público. De momento nuestro día a día es denunciar cada caso discriminatorio que nos llega y normalizar algo que ya debería ser normal. A título individual yo llevo mi lactancia como estandarte, alimentando a mi hija donde sea que lo necesite, y desde hoy con mi bolsa de la asociación con su claro mensaje. ¿Quieres una? Puedes comprarla aquí y ya de paso hacerte socia y ayudarnos con la causa.

PD.- Chicas, sois muy grandes todas y unas heroínas. Os quiero!!!

Autopsia de un pañal

Aun no conozco madre que no examine con lupa el contenido de cada cambio
de pañal. Consistencia, color, aroma…. Y ojo que un día sea de un
color distinto al anterior! Que allá vamos todas en busca del Dr. Google
para que nos ilumine con su sabiduría. Y por supuesto a poner nuestra
duda por escrito en todo foro de mami o grupos de facebook que
encontremos. Y ya si ponemos foto del pastel esa noche dormimos mejor.

Y es que el tema caca, pastel, plasta, mierda o como lo queramos llamar
nos atrae cuales moscas. En todo muestrario de anécdotas de las mamis
siempre hay varias en referencia a este tema: mierdas que se desbordan
del pañal, cacas explosivas con el niño en pelotas que te estucan la
pared, mamis que cortan la ropa del niño porque no saben como quitársela
sin enmierdarlo aun mas (verídico)….

Pero a lo que iba…. ¿Por que nos preocupan tanto las cacas de nuestros
hijos? Desde el mismo momento en que nuestro bebé suelta el meconio a
nosotras se nos enciende un chip de que hay que mirar “eso”
detalladamente. Si estamos acompañadas a la hora del cambio de pañal
solemos ser mas discretas, pin pan fuera. Pero como estemos solas…..
Sacamos el microscopio!!!! Aunque huela que tumbe de espaldas, nosotras
con la nariz bien pegada, no vaya a ser que se nos escape algún detalle.

Voy a ser optimista y voy a decir que habré limpiado sólo unas 2000
plastas en los 26 meses de mi hijo y los 8 de mi hija, y la verdad es
que las he visto de todas las formas y colores, desde las líquidas y
color mostaza de la época de lactante, al plaston denso oscuro y
aromático de mi hijo. La pregunta siempre es la misma: ¿esta caca es
normal? Pues si, son todas normales salvo que haya sangre en ellas. Las
que mas he trabajado son:

  • Liquidas o semiliquidas de color mostaza. Con grumos y sin grumos. Típicos de lactancia materna exclusiva.
  • Espesas color mostaza. Cuando caía algún bibe.
  • Verdes fosforitas. Tal cual. Mi hija se pegó un mes así de original. Tras cultivo no había nada de lo que sospechar.
  • Restos de comida como la piel de las lentejas, un proyectil de zanahoria
    que arrancó de un bocado y se tragó sin masticar, las semillas del
    kiwi…
  • Pelotillas como las de las cabras.
  • Pelotas como puños (algo le ha estreñido)
  • Pastelones pestilentes y oscuros.
  • Y por supuesto esas cacas coloradas que hacen que te de un vuelco al
    corazón hasta que de pronto caes que el niño comió macarrones con tomate
    hace dos días.
  • Con mocos. Evidentemente si se los tragan por algún sitio han de salir.
  • Con babas. Las abuelas suelen decir que eso es que le está saliendo algún diente.
  • Blanca!!! De reciente descubrimiento y que me generó una intensa alarma. Menos mal que una neurona se acordó del yogur griego del día anterior….

Mi conclusión es que son todas normales, que por mas que miremos no
vamos a encontrar oro y que nuestras crías están divinamente. Pero da
igual, esperamos ansiosas el siguiente cambio de pañal para su estudio,
por si descubrimos algo nuevo.

Mi hijo está asilvestrado!

¿Dónde está ese angelito que dormía acurrucadito a mi? ¿Esa bolita que no sabía andar y menos aún correr? Soy plenamente consciente de que mi hijo ya apuntaba maneras desde que estaba en mi vientre: botaba de alegría al oír música. Luego, cuando llegó al mundo resultó un niño de poco dormir y muchas ganas de juerga. Y ya…. ahora…. es para ponerle una correa…
Los niños son niños y tienen que moverse, disfrutar, reírse…. y yo me apunto, soy la primera en tirarme al suelo, ponerme hasta las cejas de pintura, guarrear, lo que haga falta! Pero una cosa es tener un niño movido y otra es tener una fiera con afán destructor. No soy capaz de entender qué hago mal, porque estoy convencida de que el problema es mío.
Tener un hijo que es capaz de desmontar la casa en cero coma, vaciar armarios y cajones, pintarte las paredes, pringarte las puertas de chocolate, aterrorizar al gato, desmontar el teclado del portátil…. y mil más… es agotador. Pero con lo que ya no puedo es con escenas fuera de casa. Que me haya tocado ir corriendo detrás de él por un bar porque había cogido un vaso y me veía sus intenciones, que no eran otras que acabar estrellándolo contra el suelo y hacerlo añicos. Esas voces, esa sensación de haberme convertido en un orco, las miradas…. buf de vergüenza. Y pasas vergüenza porque le has gritado a tu hijo, le has dado dos palmadas en el culo que sabes que no le tendrías que haber dado, porque sabes que algo va mal. Que no sabes si eres tú o es el niño. Que no sabes educar de forma correcta o es que el niño es simplemente Chucky. Que tiemblas cuando tienes que ir a cualquier sitio porque sabes que no le puedes soltar ni un segundo porque la lía.
Y es que la teoría te la sabes, educar en positivo, no gritar, menos aún pegar. Pero la realidad es otra. Ni que decir tiene que al puñetero rinoceronte naranja lo abandoné hace meses (si queréis saber qué es lo podéis ver aquí). Pero yo sigo con mi problema: no sé qué hacer con mi hijo. Desde que se levanta hasta que se acuesta es una fiera incansable que todo toca, tira, rompe, que vuela por casa. Que te pasas el día con el “cuidado”, “eso no”, “ven que jugamos aquí”. Que el pobre gato, ya recluido por voluntad propia de forma casi permanente en mi dormitorio, tiembla de miedo cuando le oye entrar. Que la pobre hermanita se encoge cuando se acerca porque sabe que salvo esos arranques de ternura que tiene Chucky, lo habitual es que le caiga o un tirón de pelos o un cruzado de cara. 
Preguntas a otras mamás y a la pediatra y la respuesta suele ser que es muy pequeño, que tenga paciencia, que ya cambiará. Vale, pero es que para que cambie algo tendré que hacer yo, o qué? En fin, que si alguien tiene una fórmula aunque no sea milagrosa me la haga llegar, a ver si atinamos de alguna manera. Porque mi único consuelo me ha llegado de la mano de un amigo, que es camarero, por decirme que la escena era normal, y la verdad es que tampoco me consuela.
Menos mal que luego tiene la parte buena: es simpático y gracioso, tiene unos arranques cariñosos que te funden el corazón, y ya si viene y te pide perdón te derrites. ¿Y cómo no le vas a perdonar con esa carita?

Crónica de una madre colapsada

Ser madre puede pasar de ser algo divino y maravilloso a convertirse en un campo de batalla donde parece que todas las bombas le llegan a una. Decir que estoy pasando unos días malos es decir poco, pero es que hace un rato he llegado ya a las lágrimas.
Tener dos bebés que no se llevan ni 18 meses no es fácil, pero si encima están malos y por extensión alterados el desastre se avecina. Aquí tenemos un panorama de mocos, sueros, mascarillas, toses, lloros… que sumado al cansancio habitual del día a día hace que tenga los nervios a flor de piel.
Adrianeitor es una máquina apisonadora sin fin que se despierta nunca después de las 7 de la mañana y que no para ni por equivocación. El correr tras él por toda la casa para que desayune y conseguir vestirle mientras salta en la cama y yo de mientras haciendo contorsionismo para ponerle los calcetines es una hazaña agotadora. Cuando al final lo consigues y lo empaquetas para la guarde aún no has cerrado la puerta de casa y se pone a llorar la otra, vamos, que le coge el relevo. Ni café.
La otra que lleva unos días que es Doña Protestona. Le das el desayuno, la aseas y cuando ya está tranquila te dispones a hacerte el ansiado café. Café que te acabas tomando de trago (si te lo tomas) porque nada más hacerlo ya te vuelve a reclamar. Llevamos unos días… que no aguanta sola ni medio minuto. Entre quitar mocos, cambiar pañales, teta y más teta y juegos se va la mañana y no has hecho NADA en casa. Y claro, todo se acumula, una que está 24 horas al día pegada a la nena a solas o con los dos, y te llega el padre por la noche y te pregunta que qué pasa que no hay tenedores limpios. Pues no hay, no. Llevo dos días sin poner el lavavajillas. 
Que te llueven consejos sin pedirlos y aun encima oyes “es que todo es cuestión de organizarse”, o “¿no duerme siesta la chica? conmigo se duerme enseguida”. Ommmmmm. Bueno, pues definitivamente será que no valgo, porque los de fuera lo ven todo facilísimo y a mi me cuesta Dios y ayuda. 
Cuando por fin suena el timbre de casa y llega papi o el yayo lanzas a la muñeca llorona como si te quemara en los brazos. Que lo único que quieres es salir corriendo y esconderte donde sea, pero lejos. Que te bajas a comprar algo que no necesitas para nada con tal de salir de casa SOLA. Necesito tiempo para mi. Pero lo peor es que cuando llego a la calle me siento fatal y una madre pésima y egoísta. Así que otra vez arriba, que hay que bañarles y hacer la cena. 
Cuando consigues bañarles entre lloros, protestas y gritos y que cenen después, ya ni hambre tienes de puro cansancio. Y ahora duérmelos. Si está papi genial, uno con cada uno, pero los días que estoy sola… puf puf puf. Si duermes a una primero mal, porque mientras el otro la está liando por casa. Si duermes al uno primero peor, porque tienes a la una berreando porque no quiere estar sola. Y si los intentas dormir a la vez ya te quieres suicidar. 
Y mi bajonazo total ha llegado hoy porque contaba con que papi venía a comer y me podría coger a la enana un rato mientras yo intentaba hacer algo en casa (ya ni pienso en descansar), y resulta que no. Y ya me ha entrado la llorera. Porque sí, porque estoy cansada, porque miro la casa y está todo patas arriba, porque mis hijos notan mis nervios y aún se ponen peor, porque se me cae la casa encima. Por todo. 
Cuando llega mi turno de ir a la cama no es que esté cansada y me duerma rápido, es que caigo en un profundo coma.

Salas de lactancia ¿Uso obligado??????

El tema de la lactancia en público y el uso de salas de lactancia es un tema que genera mucha polémica y levanta pasiones sobre todo de las que somos más debotas de normalizar la lactancia allá donde vamos.
El motivo de este post no viene sólo por todas estas mamás que han sido discriminadas de lugares públicos, llegando incluso a invitarlas a irse de dichos lugares y a hacer uso de las salas de lactancia, viene porque la semana pasada, estando en el grupo de apoyo a la lactancia de mi centro de salud, una mamá soltó una perla que hizo que me chirriara hasta el alma. Precisamente estábamos hablando del hecho de que puedan echar a una mamá por estar amamanto a su bebé cuando esta mamá dijo: “Es normal que te echen de una tienda cuando en los centros comerciales hay salas de lactancia…”. Si llego a ser un gato del bufido que pego peino a todas las presentes. ¿Cómo que es normal que te echen? ¿Por qué hay que usar las salas de lactancia? ¿Y lo suelta una que cinco minutos antes estaba con la teta fuera???? 
En primer lugar las salas de lactancia son de uso voluntario, no obligatorio. Aquí una, como mami primeriza que fué, hizo uso abundante de las salas de lactancia. Yo he volado por los centros comerciales con un hijo berreando en brazos cual jugador de fútbol americano, esquivando a personas y al grito silencioso de “aparta-coño-no-ves-que-voy-con-prisa!!”. ¿Y para qué? Para encontrarme que la ansiada sala de lactancia estaba ocupada y que no podía hacer uso de ella. ¿Y ahora qué? Tú sigues con tu bebé llorón y hambriento. Explícale que hay que esperar a que otros bebés acaben. O bien, tienes suerte y la sala de lactancia tiene un hueco disponible. Entra y disponte a respirar el aroma embriagador a horas y horas de pañales sucios. 
En segundo lugar si la OMS, la AEP y Unicef dicen que la lactancia materna ha de ser a demanda, lo que implica que sea cuando pida el bebé, no cuando al “público” le parezca bien, correcto o bonito.
En tercer lugar los derechos del niño prevalecen sobre cualquier otro, así que nadie nos puede decir aquí no puede darle de mamar. No sólo sí podemos sino que si el bebé lo necesita, debemos. Da igual la tienda de ropa, supermercado, bar o el local que sea, si la criatura tiene hambre nadie puede ir en contra de su derecho al alimento.
Y en cuarto lugar, no me da la gana usar las salas de lactancia. Ya no. Porque son básicamente “cuartos de baño” para bebés donde han puesto algún sillón. Porque la higiene es mínima. Porque huelen mal. Porque no siempre están disponibles. Y porque como estoy muy cómoda con mi maternidad no necesito ningún lugar especial para alimentar a mi bebé. Porque si mi bebé tiene hambre no veo razón para hacerle esperar. Porque me la trae al fresco lo que la gente pueda pensar. o decir. Y así mil razones más.
Quede claro que respeto a toda mamá que necesite hacer uso de las salas de lactancia, bien por pudor, porque le es cómodo o por cualquier motivo. Pero que no me digan que es obligatorio y necesario porque con no trago con eso. Lo que es necesario es normalizar la lactancia y que nadie se escandalice por el cuarto de teta que se pudiera llegar a ver. Que el hecho de que un bebé sea alimentado sea algo natural y normal en cualquier lugar y cualquier situación. 
Está claro que queda mucho camino por recorrer para que la lactancia vuelva a verse como algo normal y no como algo que hay que esconder en ninguna sala. Mientras tanto seguiré alimentando a mi hija allá donde lo necesite. Y si alguna mamá es discriminada le invito a compartir su experiencia con www.lactanciaenlibertad.org una asociación de la que hablaré otro día y que sin duda hace mucho por normalizar la lactancia.
¿Y tú? ¿Usas las salas de lactancia o estás cómoda en cualquier lugar?