Las mentiras de Novalac

Hoy ha llegado a nuestras pantallas una imagen de una revista que al parecer puede encontrarse en los centros de salud. Y como yo voy a un centro de salud a que me digan verdades sobre mi salud me tiro de los pelos al ver tanta mentira junta.
 Me parece inaudito que un centro de salud pueda distribuir semejante revista en vista de lo que se lee aquí. Un artículo que nos viene a decir “oye, tú no te compliques, que amamantar a un bebé es muy complicado, dale sucedáneo de bote que es mejor y más sano”.
Pero con lo que me sangran los ojos es cuando dice: “no solo se ha modificado la composición de las fórmulas artificiales para hacerlas más similares a la leche materna, sino que se les han añadido vitaminas y nutrientes que los bebés amamantados solo pueden obtener mediante complementos”. ¡Toma castaña! Perdona, pero la leche materna es exclusiva y única para cada bebé o niño. Es un fluido vivo que aporta exactamente lo que cada uno necesita. Y no sólo es el mejor alimento adaptado a cada personita, sino que encima es una vacuna continua que les protege de infinidad de enfermedades. ¿Vendéis una leche mágica que haga lo mismo?
“Puedes escoger el método que te resulte más cómodo y flexible”. ¡Pues no faltaba más que eso, que no pudiera elegir. Sin embargo, por mucha paciencia y dedicación que según ustedes se necesita para amamantar a un bebé, a mi eso de levantarme por la noche para buscar el número en el biberón, llenarlo hasta ahí de agua, entibiarlo en el microondas, abrir la caja de polvos, rebuscar la cuchara medidora, contar las cucharadas (estando medio dormida), agitar y atinar en la boca de mi retoño… bufffffffff. Que pereza. ¿Saben que hago yo? Sin moverme de la cama y casi sin abrir el ojo le doy el pecho a mi hija. Ni tengo que medir cantidades ni tengo que calentar ni mover nada. Cosas de la vida, oigan. Resulta que la leche materna tiene la toma exacta que requiere el niño y sale a una temperatura ideal. Y para rematar, no tengo que lavar luego los biberones.
Podéis intentar mejorar lo que queráis esos sucedáneos de bote pero seguirán estando a años luz de la calidad de la leche materna. Y debéis seguir mejorándola para aquellas que opten por esta opción, porque es algo a lo que las madres tienen derecho, a tener una opción. Pero no la comparen porque no hay color. Todas las evidencias científicas así lo indican y por eso la Organización Mundial de la Salud recomienda lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y prologarla con alimentación complementaria hasta los 2 años por lo menos.
Por otro lado, lo de “paciencia y dedicación”… en fin. No voy a repetirme, pero es evidente que el jaleo de los biberones si que requiere paciencia y dedicación.
Así que señores, no cuenten mentiras de la leche materna, no ensalcen unas virtudes de los sucedáeos que no existen y, en definitiva, no confundan a las madres publicando semejantes sandeces.

¿Caes en la tentación de La Cajita de Pandora?

La Cajita de Pandora es un lugar de artesanía donde podrás elegir desde complementos para tí hasta cositas para los peques. Y es la sección de los peques la que a mi me interesa y me enamora. Muchas veces vemos a otros nenes y nenas con la misma ropa que llevan nuestros hijos y tampoco hace mucha gracia. ¿Hay algo mejor que un artículo personalizado?
 
Podemos encontrar arrullos, capas de baño, patucos, ropita, complementos, cojines de lactancia…. ufff muchas cosas preciosas. Y encima, hablando con su propietaria, seguro que te hace lo que quieras y cómo quieras. 
A mi me han vuelto loquita tres de sus secciones en concreto: los cojines de lactancia, los patucos y los complementos para el pelo. 
Los cojines de lactancia. Una chulada verdadera. No sólo son útiles como muchas sabemos para que no se nos duerma el brazo mientras damos el pecho, sino que van con una funda a juego con una sujeción y así puedes dejar al bebé en un comodísimo cojín. Elige la tela que quieras y verás con qué arte te la confecciona. Otro dato importantísimo: sólo cuesta 45€ el cojín con la funda. Más barato que muchos cojines que hay en el mercado y que son sólo eso, el cojín y punto. Y encima nada del otro mundo en diseño. Este lo tiene todo. Está genial de precio, podemos elegir el diseño y nos lo confecciona por encargo y encima son dos artículos en uno: cojín de lactancia y hamaquita para nuestro bebé.
Patucos. Reconozco que van muy bien para los peques, que visten mucho y todo eso, y además, no soy partidaria de zapatitos hasta que no empizan a andar porque no le veo ningún sentido. Pero la verdad es que sólo tengo un par de patucos porque los que venden en cualquier tienda son demasiado moñas para mi. Pero estos no. Son originales a más no poder, me imagino a mi niña calzando unas botitas de La Cajita de Pandora y se me dibuja una sonrisa. Desde patuquitos como zapatos hasta deportivas!!! Una chulada, de verdad. Y también superbien de precio, entre 4€ y 8€. Los que compré yo fueron muucho más caros y ni de lejos tan bonitos.
Complementos para el pelo. Qué decir…. diademas, horquillas, pasadores…. No sólo para diario, sino que si necesitas algo para una ocasión especial como una boda o un bautizo te van a hacer algo realmente bonito.
A mi me ha enamorado esta artesana que, como vais a ver en las fotos que os pongo, puede ayudarnos a conseguir artículos especialmente diseñados para nosotras y nuestros bebés (o no tan bebés) con una calidad y un acabado espectacular. ¿Os animáis a que hacerle un pedido? Sólo tienes que vistar su página de facebook y estará encantada de atenderte.

https://www.facebook.com/lacajitadepandora?fref=ts

Mi experiencia con el colecho

He de decir que antes de ser madre no conocía siquiera la palabra colecho. De hecho pasó un tiempo hasta que supe que esta palabra definía lo que yo hacía con mi hijo.
 
Instalamos la cuna en nuestro dormitorio para que cuando Adri llegara pudiera estar cerca de nosotros. Y de paso para asegurarme que todos mis miedos se aplacaran un poco. ¿Me despertaré si el niño llora? ¿Y si le pasa algo y no lo noto? Yo creo que a todas nos ha pasado. Pues bien, los primeros días fueron una tortura, no sólo me despertaba (faltaría más) sino que entre darle la toma, cambiar el pañal e intentar dejar otra vez al bebé dormidito en la cuna como el que maneja una bomba pues fíjate, que se activaba la bomba o le tocaba ya la siguiente toma. 
Yo no soy una supermadre ni pretendo serlo. Necesito dormir algo. Y esos primeros días, entre la cantidad de puntos que llevaba, el no dormir, los lloros…. fueron una tortura. Pero un día me pudo el sueño y me quedé dormida con él encima. Y cuando abrí el ojo pasadas unas horas mi niño ni se había movido. Me dió una pereza terrible levantarme para dejarlo en la cuna, así que le dejé escurrir hasta que lo tumbé en la cama. ¡Oh qué gustazo! Lo bien que dormimos esa noche. Sin lloros, sin levantarnos. Si le sentía quejarse le acercaba el pecho y listo. Y como a lo cómodo se acostumbra una… pues decidí que a partir de entonces el niño dormiría en la cama con nosotros.
Y en este punto, como no podía faltar, llegó la lluvia de críticas: que si no te da miedo aplastar al niño, que si yo conozco un caso de un niño que murió así, que no le haces ningún bien al niño…. y así hasta el aburrimiento. Reconozco que me surgieron dudas. Pero una vez interiorizado el tema, decidí seguir mi máxima del instinto animal. ¿Qué mamífero se separa de sus crías? Yo no conozco a ninguno. ¿Que no le hago ningún bien? ¿Dónde está el mal? Duerme junto a mami, la siente cerca y las respiraciones se acompasan. Duerme más tranquilo, se despierta menos y su calidad del sueño mejora (y la de los papis también). A partir de aquí decidí leer algo sobre el tema y me enteré que existen datos científicos donde se reflejan que los bebés que duermen con sus padres tienen menos riesgo de sufrir muerte súbita, son niños más seguros y la producción de leche de la madre se afianza entre otros beneficios.
Quince meses colechamos con nuestro primogénito. ¿Por qué? Porque con quince meses yo ya tenía mi segundo embarazo muy avanzado y fué un embarazo complicado, así que aprovechamos la mudanza a nuestra nueva vivienda para ponerle una habitación para él y en la que se sintiera cómodo. Cama juvenil para él solito y ni una sóla vez se despertó. Y así continuamos aunque, por supuesto, se duerme con mimitos de papi o mami y hasta que no se duerme no le dejamos solito. Y si algún día requiere dormir con nosotros no hay ningún problema.
Y con mi hija más de lo mismo, aunque ella ni ha llegado a tocar la cuna. Lo que es bueno para uno será bueno para la otra, digo yo. Para mí es el cielo porque quitando su primera semana de vida en la que me hacía una toma sobre las 3 de la mañana y la siguiente ya a las 8, el resto del tiempo, y tiene casi cinco meses ya, duerme doce horas de tirón. 
En fin, que mis hijos han dormido mejor y por extensión nosotros también. Pero lo mejor es el poder olerles, tocarles, sentirles tan cerquita aun cuando estás dormida. Una sensación de placer infinito que se reafirma cuando por la mañana abres los ojos y ves que te dedica su mejor sonrisa con la que te dice: “¡Buenos días mami!”

Top 10 de mis malas compras en artículos para niños

El mercado está lleno de artículos maravillosos y que se supone que nos hacen la vida más fácil en lo que se refiere a nuestros hijos. Mientras estuve embarazada ojeaba catálogos y catálogos de puericultura, y claro, una que no quiere que a su hijo le falte de nada, pues se emociona y no sólo compra por demás, sino que no mira el precio. Y a día de hoy menuda tontería. No lo más caro es lo mejor, ni mucho menos, así que os cuento mi experiencia.
10. Maletita para la clínica. ¿En qué estaba pensando? Una maletita para llevar la ropita de mis hijos a la hora de parir. Claro, como son baratas y otra bolsa cualquiera de las mil que hay por casa no valen…

9. Chupetes. De latex, de silicona, de distintas formas. Mis hijos han tomado pecho los dos. ¿Quién quiere una falsa imitación cuando tienen el original a mano?
 
8. Carrusel de luces y sonidos. Con muñequitos o sin ellos. Me da igual. No sólo no les han hecho ni caso, sino que la musiquita tiene la virtud de sacarme de quicio.
 
7. Alfombra de goma eva. Cuando llegó el momento de poner a mi hijo en el suelo compré un paquete. Esto es ridículamente pequeño. Compremos tres más, que pueda moverse un poco. Mi experiencia es la siguiente: si no se vale por si mismo aún, una mantita de actividades sobra, y si ya se vale o pones goma eva por toda la casa o se queda en el redil quien yo te diga…
 
6. Papillas. Cuando empiezan la alimentación complementaria los bebés tienen que comer cereales, que claro el pan y galletas no llevan. Pues compré de varias marcas y variedades y mi hijo me dijo que me las comiera yo. Mejor darles comida de verdad y que ellos elijan cuándo y cuánto.
 
5.  Mochila portabebés. Yo compré la BabyBjörn Miracle en algodón 100% porque era la mejor de la mejor según me decían (vendían). Pues bien, como soy de tamaño reducido, por más que ajuste las correas me viene grande. Después de abrir mi me mente a otras opciones y estudiar mucho el tema, me doy cuenta (a día de hoy) de que ergonómica tururú. El niño va colgado y con todo el peso en la zona del pañal, y como va colgado sus piernas te entorpecen para andar. Vamos, un desastre de compra.
 
4. Trona. Pues elegimos una de Jané convertible en mesa con sillita con una preciosa funda en la que seguro que mi hijo iba a comer comodísimo.Viendo esta imagen os imaginais lo que dura la funda limpia ¿verdad? Y no es precisamente fácil de quitar y poner. Para casa de los abuelos compramos la trona básica del Ikea y la conclusión es que me podría haber ahorrado 140€.

3. Patín para el cochecito. Como mis hijos se iban a llegar poquito tiempo (no llega a 18 meses) pues creímos conveniente comprar un patín para el carrito, entre otras cosas porque en nuestro coche no iban a caber los dos carros. Fracaso total. Mi hijo, que a día de hoy tiene 22 meses, sigue siendo un bebé y necesita su carrito. Eso de ir en un patín no va con él. Así que ahí está, con apenas diez minutos de uso.

2. Ropa de cuna. Chorrocientas sábanas por si vomita, se le escapa un pis o un pas, suda…. Estrené dos creo. Intimamente ligado con mi número uno de las peores compras.

1. Y la compra que se lleva la palma es la CUNA. Los primero días instalé la cuna en mi cuarto para poder atender a mi chiquitín a la mayor brevedad en caso de llanto. Y es que lo lógico y lo normal es que un bebé cuando no siente cerca a su madre llore. Así que a la cama el niño. Con él colechamos hasta los 15 meses y directamente pasó a cama juvenil. Y mi hija ni ha catado la cuna. Así que lo único que espero es convertir la cuna en un escritorio y así al menos darle algún uso.

Y estas son mis peores compras hasta la fecha. Pero claro, es mi experiencia y no tiene que coincidir ni de lejos con las experiencias de otras mamás. Lo que es seguro que todas compramos o nos regalan algo que no nos hace ningún papel. Y yo creo que tengo alguna idea para algunos artículos sin usar…. Ahí lo dejo…

Una nueva forma de ver el mundo

He de decir que antes de tener a mi primer hijo yo era una persona distinta a la que soy ahora, y ya no digo nada después de tener a mi segunda hija. De ser una persona rígida e inflexible en mis opiniones y convicciones al aceptar que todo es posible hay un mundo. ¡Y es que con ellos no hay dos días iguales!

Los que me conocen saben de sobra que cuando me quedé embarazada de mi hijo cundió el pánico. Instinto maternal cero. Nunca me habían llamado la atención los niños. Y de ahí la pregunta que me hacía a diario: ¿qué clase de madre voy a ser yo?? Pues bueno, no soy la mejor madre del mundo desde luego, pero lo intento. Una vez que asumí mi embarazo parecía que todo empezaba a fluir. Empezó a surgir un instinto animal que nunca hubiera imaginado. ¿Miedo a parir? ¿Por qué? Estamos hechas para eso. ¿Un bebé a mi cargo las 24 horas del día? Pues también. Si lo llevo todo puesto: comida, climatizador, música ambiente… soy un hogar portátil para mi hijo.
Supongo que a todas nos cambia el hecho de ser madres, o por lo menos a mi me ha cambiado. En TODO. De no pisar el rellano sin haberme pintado el ojo a salir sin maquillar. De llevar megatacones a ir en deportivas. De oler a chanel a oler a leche y galletas. Pfff y así hasta el infinito. Reconozco que he dejado de ser mujer en muchos aspectos (y con mucho gusto). Y es que es lo que toca… Cuando alguien te dice: “llevas una manchita de leche en la camiseta”. ¿Sólo una? ¡Eso hay que celebrarlo! No pasa nada. Asumo que es una fase, una temporada. Ahora lo primero son mis hijos y como el tiempo es limitado prefiero que sean ellos los que vayan requeteguapísimos y oliendo a gloria.
Hay que asumir que el ahora es lo que cuenta. Antes de la maternidad vivía en el futuro, siempre haciendo planes y poniendo horarios a todo. Pues ya no. No se puede y hay que aceptarlo. El horario lo marcan ellos en todo. Las comidas, los juegos, los lloros (que también hay). Así que esto es lo que hay…. paciencia, que antes no tenía ni gota y que todo fluya.
Hay que oir más a ese instinto animal que te dice en cada momento qué hacer con tus hijos. Y hay que dejar de lado muchos formalismos y muchas normas sociales. Al fin y al cabo lo que cuenta es lo que se disfrute de los hijos y lo que piensen ellos de nosotros, y no lo que piensen los demás. ¿No es cierto?

¿Por qué un blog a estas alturas?

¿Por qué un blog a estas alturas? Nunca hubiera imaginado que la maternidad pudiera cambiarme tanto la vida y mi visión del mundo. Mis dos tesoros han pasado a ser el centro de mi vida y de pensamiento. 

Cada día es una nueva aventura con ellos, se aprenden cosas nuevas, exploras terrenos nunca conocidos (o ya olvidados), regresas a tu infancia y juegas con ellos como una niña más. El tiempo vuela estando con ellos, así que ¿qué mejor manera de inmortalizar y atesorar esos momentos que dedicándoles un blog? Y no sólo a mis hijos sino a todas las pequeñas personitas que nos hacen querer ser mejores y que con una sonrisa hacen que se quiten todas las penas.
No hay que olvidar ni perder de vista que los que hoy son pequeñas personitas son nuestro futuro inmediato y nuestro reto es guiarlos para ser grandes personas. Con amor, paciencia y constancia lo conseguiremos.