Sobrevivir al final de curso

Sobrevivir al final de curso de mis hijos es algo que año a año se me hace más cuesta arriba. He conseguido llegar al nivel de llevar una chuleta en un trozo de papel ya desgastado de tanto consultarla y, por supuesto, incompleta porque estoy a tantas cosas que alguna me olvido por el camino.

Y te pones a anotar que si exhibiciones de extraescolares del cole, partidos, fiesta de fin de curso de las actividades fuera del cole, fiestas de fin de curso del cole, taller en clase de alguno de tus hijos, cumpleaños varios o propios (de las 4 fiestas de cumpleaños de mi hija hablaré en otro post), etc. Pero un muy largo etcétera.

Miras la chuleta una y otra vez y no te lo crees. Porque claro, tienes que hacer encajes de bolillos para compaginar todo eso con el trabajo, la casa y la salud mental (jaaaaajajajajaja). Y yo aún puedo dar gracias a que siendo autónoma puedo manejarme medianamente bien con la flexibilidad horaria, que, para quienes no puedan solo me queda decirles “ea ea”, mandarles un abrazo y si me apuras, una cajita de trankimazin.

Y de pronto te llega un mensaje donde lees “¿os acordais que este domingo hacemos esto?” y en otro mensaje “¡¡¡ehhh que al final sí que hay partido este sábado!!!” Y ya dices, pues mira, NO y NO. De uno no me acordaba y con lo otro ya tenemos otros planes. Que no me da la vida para más y mi delicada salud mental empieza a amenazar con romperse sin remedio.

Y vuelves a mirar la chuleta. ¿Pero qué ha pasado este año con los cumpleaños? Que de los tres últimos fines de semana hemos tenido dos pero es que miro de aquí a final de curso y hay cinco más. Vamos, que los he defendido siempre a capa y espada y lo seguiré haciendo pero ha llegado un momento en que pienso “Cristi… esto se te ha ido de las manos… necesitas un sueldo y una agenda solo para cumples”.

Yo solo tengo dos hijos y ya lo dije ayer en facebook, hubo un momento de enajenación mental en el que pensé que alguno me sobraba. Vamos, no mis hijos, sino las mil actividades que pululan alrededor de ellos. Empiezo a plantearme en serio, de cara al año que viene, el renovar cubos y palas y tener una única actividad común que sea visitar parques con arenero. Punto pelota.

Vamos, ahora firmaba yo por tener la agenda de mis hijos, que para poder escaparme con las amigas a comer casi hace falta que se alineen los astros, un conjuro de las Brujas de Salem y toque de varita de Harry Potter.

A ver si acaba pronto el curso y que todo el dilema sea elegir entre piscina o parque sin que el reloj nos vaya pegando en las narices con las manillas.

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