Fobias… ¡Apaga la luzzzz! ¡Apaga la luz!!!!!!!

Los que me conocéis sabéis de sobra que tengo una fobia a los bichos como una catedral de grande. No hay más. Simplemente es superior a mi. Soy capaz de hacer un cuerpo a tierra si veo que algo me sobrevuela o correr los 100 metros lisos mientras chillo como una loca.
Esto es lo que hay… tengo fotos con monos, loros, gatos, perros, conejos e incluso cocodrilos en dos ocasiones distintas. No tengo manías en coger a una rata o a un murciélago, que lo he hecho… pero BICHOS NO. Nunca, jamás, en la vida, que no, que no… No soporto ese superpoder que tienen de estar delante tuyo y de pronto lo tienes rondando alrededor, como un satélite cualquiera. Ora delante, ora detrás…
He hecho el ridículo muchas veces a lo largo de la vida, y oye, no lo puedo evitar. Pero claro, cuando eres madre procuras no transmitir las fobias propias a tus retoños. Por cierto, que no puedo evitar acordarme del post de Trimadre a los 30 que, si no lo habéis leído, es de obligada lectura. Pues eso… que como madre lo que menos me apetece es montar un circo de siete pistas para flipe y alucine de mis hijos…
Pero una cosa son mis pretensiones y otra la más cruda realidad. Mis hijos, y en especial mi hijo (por eso de ser el mayor), están acostumbrados a verme chillar mientras salgo corriendo y hago aspavientos con los brazos. Y ojo, eso que si alguna avispa se acerca a mis hijos he sido hasta capaz de atacarlas con lo que tenga a mano, que suele ser el móvil.
Y aquí llega mi última aventura. Viernes por la noche. Después de cenar me salgo a la terraza para fumarme un cigarrito. Como están las luces encendidas entorno todo lo que puedo la puerta, por eso de que no entre ningún indeseado bicho. Pero, como no, llega mi hijo y abre la puerta de par en par. ¿Cuánto pasó? ¿Cinco segundos? A lo que me volví para cerrarla allí estaba ella dando vueltas como un satélite descontrolado alrededor de la luz.
OMG! Agarré a mi hijo del pescuezo y lo arrastré fuera del salón agachada para alejarme lo más posible del bicharraco. Una polilla que bien podría haber sido la prima de Batman por el tamaño que tenía. Corre-corre-corre!!! Y nada más cerrar la puerta del salón a mis espaldas pensé: “He abandonado a mi hija a su suerte…” Y es que la pobre estaba en la trona justo debajo de la lámpara infernal… Pero eeeeehhh, que su padre también estaba en el salón.
Con el corazón desbocado cogí el matamoscas y se lo pasé a Costillo por un resquicio de la puerta. Pero él nada. Muy hombre. Muy práctico. Apagó las luces del salón, abrió la puerta de la terraza y encendió la luz de allí. A los pocos segundos…
– Cris… -con voz arrastrada- que ya se ha ido…
– ¿Estás seguro??
– Que sí… pasa…
Miré por todos lados y no vi nada. Pero mis pelillos seguían de punta y mi radar estaba atascado. Ummpffff. Venga va, me creeré que no está.
Costillo se fue a acostar a la peque (que no había sufrido daños a pesar del abandono) y yo me fui con el peque a ver unos dibus antes de dormir. Y cuando llegó la hora de que papi se fuera a currar, estando los tres en el rellano para despedirnos me suelta Costillo mirando hacia casa…
– ¡Anda! Pues no se había ido. Está en el pasillo.
– ¡No jodas!!! No te vayas sin matarla.
– Me voy, que llego tarde.
– Por favor, no me hagas esto. Mátala!!!!
– Adios.
Y ahí me quedé diciendo “ayyyy ayyyyy”, abrazada a mi hijo y sin querer entrar en casa.
– Mamá, ¿estás bien? Mamá, ¿qué te pasa????
– Que mami está cagada de miedo…
– Ohhh no te preocupes mamá. Un “bezo”.
Entramos en casa en modo ninja, oteando cada centímetro de pared, techo y suelo. Agarrada a mi hijo como una garrapata mientras el pobre me miraba con cara de “¿y esta qué se ha fumado'”. Yo no veía nada. ¿Me habría tomado el pelo mi marido? Él sabe que con estas cosas no se juega…
polilla
Acosté al niño y me fui al ordenador. Estuve un rato entretenida y me levanté a por un vaso de agua. Y de pronto la vi. En la puerta de casa. Quieta ella. Quieta yo. Ni se cuánto estuve sin respirar por si acaso me sentía y se echaba a volar. Joder joder. ¿Y ahora qué? Eso no se puede quedar vivo por casa que me da un parrús. El matamoscas. ¿Dónde leches está??? Joder que no lo encuentro. ¿Y ahora qué hago? Un zapato de Costillo. Un 46 tiene que funcionar. Por favor, que funcione.
Y allá que fui a por un 46, que ni sujetarlo bien con mis mini-manos. Y allí estaba yo. Zapatilla en mano, con las piernas abiertas y ligeramente flexionadas, como una atleta profesional. O como una cobardica que al más mínimo aleteo del bicho hubiera salido corriendo para no salir más hasta que llegaran los GEOS.
Pero no. Sujeté fuerte la zapatilla y cogí aire. PLAAAAMMMMM. Joder, ¡qué subidón! Yeahh yeahhh. Ahí estaba el bicho asqueroso, pegado a mi puerta con las alas abiertas. Y me dí la vuelta. Lo siento, pero en el pack “proezas” no entra la recogida de cadáveres. Eso se lo dejé a Costillo, que me abandonó con el marronazo aéreo en casa.
Por supuesto desde este incidente he doblado las medidas de seguridad en mi casa y ahora cuando salgo a la terraza grito: ¡apaga la luzzz! Y no puedo evitar que me venga esta imagen a la cabeza, porque para mí un insecto es como un dinosaurio.

18 Replies to “Fobias… ¡Apaga la luzzzz! ¡Apaga la luz!!!!!!!”

  1. Jajajajajaja me parto, pero te entiendo. A mi me pasa con las cucarachas, soy capaz de volar si veo una. Da igual la distancia, las odio, me dan un asco terrible. Una vez casi intoxico a mis ex compis de curro, llegué a la oficina temprano y me encontré una al lado de mi mesa. Eché tanto cucal de ese que no se podía ni respirar, mandé un sms de ayuda a un compañero, el pobre vino corriendo pensando que me pasaba algo. Y allí me encontró, como una loca encima de la mesa gritando. ¡Fue un show! Un besazo.

    1. Jajajajajaja tu compañero tuvo que flipar en colores! Yo normalmente aguanto el tipo con las cucas, pero ciertamente el asco es infinito. Sólo recuerdo una ocasión, en un piso en el que viví hace años, que entró una tamaño carro de combate y el gato se la intentó comer. No le cabía en la boca. Cuando la vi agarrada a los bigotes del gato te juro que pegué un salto hacia la silla del ordenador alucinante. Suerte que la persiana estaba bajada, porque la silla era la del ordenador y tenía ruedas, así que me estampé contra ella, pero si no, me voy para abajo. Pa habernos matao
      Besotes

  2. Yo más de una vez he pegado un chillido en un autobús al notar una araña o algún insecto a mi alrededor, bajo la mirada avergonzada de mis acompañantes y es que no lo puedo evitar, no me puedo controlar, si noto un bicho, así, de repente, lo primero que me sale es chillar. Da igual donde esté, da igual con quién esté, es instintivo. Y lo paso mal doblemente, por el bicho y por la incomprensión de los que me rodean. No veas cómo te entiendo.

    1. jajajajaja, es que la gente es muy poco solidaria!!! Si te sirve de consuelo, hace años hice un cuerpo a tierra en un autobús. Y cuando digo cuerpo a tierra quiero decir completamente tumbada. Y en cuanto se abrieron las puertas del bus salí cagando leches sin ser mi parada y sin mirar atrás. Vergüenza infinita
      Besos

  3. Jajajajaja me meo!!! Que mala leche tiene Costillo dejarte allí con semejante bicho!! Te entiendo porque he visto a mi compañera de trabajo con un ataque de pánico un dia que se metió una en la oficina y salió corriendo, hoy nos reimos pero la pobre lo pasó fatal. Menos mal que tenias un valiente caballero que con su "bezo" te protegió y te hizo coger fuerzas para deshacerte de ellla.
    Besazos!!

  4. Jajaja, me parto contigo. Los bichos son asquerosísimos, pero tengo no llego a tus niveles de fobia ni de coña. Yo con lo que no puedo son con los ratones y demás roedores… qué ascazo!! Si veo uno cerca, pego un salto que llego al techo, mira lo que te digo jejeje
    Besos!!

  5. Jajajajajajaja… Que identificada me he sentido con este post!
    Yo no puedo ni con polillas ni con cucarachas, chillo como una niña pequeña y huyo, es superior a mi! Aunque no hace tanto mate una polilla porque se acerco a mi peque, me salio la vena choni Belén Esteban, porque yo por mi hija MA-TO! ( literalmente) 😉
    Besos!

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