Bebé que se desmaya y madre al borde del colapso

Los que me seguís a través de las RRSS seguramente ya sabréis que el martes mi casa se convirtió en algo cercano al infierno, no por la gravedad del asunto sino por la montaña que hice en ese momento, como posiblemente le pasaría a cualquier madre. Y es que cuando tú bebé se desmaya, mil alarmas se activan a la vez mientras la madre intenta actuar sin perder del todo los nervios.
Estábamos papi, mami y la peque en casa. La peque estaba almorzando sentada en el sofá y papi bajó un momento a tirar la basura mientras yo preparaba la comida. Y fue en ese momento cuando escuché el golpe seguido del llanto de la niña. Fui corriendo y vi que se había caído del sofá. Estaba tumbada boca arriba pero justo había caído encima de un cojín. 
– Ya está cariño, no pasa nada…
Le dije mientras la cogía en brazos. La pobre tenía aún la boca llena de lo que estaba comiendo para almorzar y lloraba a la vez. De pronto algo raro pasó. Parecía que se encanaba. No le salía el llanto, ni sonido. La separé del abrazo en que la tenía para mirar qué pasaba y, sujeta por debajo de las axilas que la tenía se desmayó. Así sin más, había perdido el conocimiento. Y justo cuando me había quedado sola en casa. Porque oye, te pasa acompañada y quieras que no los nervios y el estrés se comparten.
Pues eso, con mi bebé convertido en una muñeca de trapo en mis manos y sola en casa no me quedaba más narices que reaccionar y moverme. ¿Os acordáis de la neurona con bata blanca?? Pues en esos momentos se clonó muchas veces. Pero muchas. Mi cabeza parecía un superordenador de la NASA. Se desplegó un operativo interno con una cantidad de monitores que ni yo misma me lo creo.

  • Por un lado había una pantalla fija monitorizando a la peque.
  • Por otro lado, un monitor buscando en todos los archivos buscando “ahogamiento”, “asfixia”, “atragantamiento”, etc.
  • En otro monitor la lupa buscaba “golpes en la cabeza”, “desmayo tras golpe” y similares.
  • Y en el último “espasmo del sollozo” o “espasmo del llanto”.
  • Todo esto multiplicado por ventanas en google, el médico de mi hijo, documentales y artículos leídos tiempo ha…
¿Tanto??? Pues sí. No sabía qué leches le pasaba a mi hija. Lo primero que pensé era que al tener comida en la boca se estaba ahogando. Le levanté la cara y le abrí la boca para retirar cualquier resto que quedara. Joder, se sigue sin mover. ¿Y ahora qué?? ¿Y ahora qué?? ¿A lo mejor tiene algo atascado en las vías respiratorias?? La apoyé en mi antebrazo para inclinarla y darle unos golpecitos en la espalda. Nada. Joder. Mi muñeca de trapo seguía sin volver.
Estaba entrando en pánico, así que mientras la neurona navegaba buscando soluciones hice lo que realmente sé que no se debería hacer: sacudirla. Es un bebé de 17 meses, no un cocktel, pero aún así un par de meneos le dí mientras gritaba su nombre sin parar. Mi único consuelo es que hice un cocktel Erika agitado, pero no revuelto. Aun así seguía sin volver en sí.
Mierda. ¿Qué más???? ¿Cuánto tiempo había pasado? Recuerdo haber gritado socorro en mi desesperación. De pronto la neurona me presentó un antídoto que debería funcionar. Corrí hasta el cuarto de baño, abrí el grifo y le eché agua en la cara. Fue instantáneo. No solo volvió en sí, sino que arrancó a llorar con fuerza, haciendo que le volviera el color a la cara. Y yo arranqué a llorar con ella mientras la abrazaba y besaba.
Al poco llegó su padre y me ayudó a ver si había alguna marca en su cabeza y que yo no hubiera visto. Efectivamente el pelo le tapaba lo que empezaba a ser un gran cardenal en la frente. Le echamos aceite de oliva, la calmamos y la dejamos dormir encima de papi.
Todo fue muy rápido y breve, no llegaría a 4-5 minutos. Aunque en esos momentos se hace eterno. Escalofriantemente eterno. 
Hay quien me preguntará ¿Y cómo no la llevaste a urgencias si tu bebé se había desmayado? Pues porque en urgencias me hubieran mandado a casa y observar. Y de paso me hubiera traído de mascota a alguno de los mil virus que se alojan en los centros hospitalarios. Y no, gracias. Aunque las manos y mi cuerpo entero tembablan como si fueran gelatina sabía qué signos había que observar que dieran la alarma para ir a urgencias: vómitos, somnolencia, desorientación, hemorragias, movimientos extraños…
De hecho, estoy convencida de que mi hija lo que tuvo fue un espasmo del sollozo sin más. Ahora… el rato que pasé no se lo deseo a nadie. ¿Te has llevado algún susto así?

Aspectos a tener en cuenta al contratar un seguro de salud para la familia

En los últimos tiempos cada vez más personas piensan en contratar un seguro de salud para la familia por distintos motivos, como pueden ser el no tener listas de esperas como las que hay algunas veces en la Seguridad Social, o porque se quiere un médico en concreto o un pediatra o por el motivo que sea.
Pues bien, después de haberme dedicado unos cuantos años al mundo de los seguros (aunque ya no trabajo actualmente), me parecía obligatorio escribir este post para aclarar ciertas cuestiones relativas a los seguros de salud para los que se lo estén pensando. Y, sobre todo, voy a intentar explicarlo de una manera muy sencilla para que el mensaje sea claro.

Fuente: http://www.dreamstime.com/

En primer lugar lo que hay que tener en cuenta es que las compañías aseguradoras aplican carencias y preexistencias en los seguros de salud. ¿Y esto qué es? Muy sencillo:
Las carencias son unos periodos de tiempo en los que no se puede hacer uso de ciertos servicios, como la asistencia al parto, intervenciones quirúrgicas, psicología, ligaduras de trompas o vasectomías… Por ejemplo: Si quiero contratar un seguro de salud porque me quiero hacer una ligadura de trompas hay que tener en cuenta que durante X meses que determine la compañía no voy a poder hacérmela y, de mientras, tengo que pagar el seguro mes a mes.
Las preexistencias son todas aquellas dolencias que tenemos previas a la contratación y que la compañía aseguradora NO va a cubrir. Da igual que seamos conscientes de la dolencia como que no tengamos ni idea. En el momento de la contratación se cumplimenta una declaración de salud que ha de ser verídica, y la compañía se reserva el derecho de admitir o no la contratación o de excluir esa dolencia en cuestión.
Una vez aclarado esto, la conclusión más sencilla es que los seguros de salud se contratan cuando una persona está sana, de lo contrario las compañías aseguradoras no nos quieren. Es así de simple.
El segundo paso es elegir qué compañía queremos. Podemos tener referencias de alguna por algún familiar o conocido, o bien no tener ni idea. Lo mejor es buscar información en alguna correduría de seguros o mirar posibilidades por internet en webs de comparativas o en las propias compañías.
Por último y no menos importante es elegir qué tipo de seguro vamos a contratar. De salud, claro, pero es que las compañías tienen varias opciones para contratar, desde lo más básico hasta los servicios más completos. Lógicamente la variación de precio entre un extremo y otro es realmente importante. Y, evidentemente, no puedo quejarme si contrato un seguro básico y luego quiero que me cubran psicología, por poner un ejemplo. Que luego nos quejamos de que “este seguro no me cubre nada”, cuando lo más acertado sería decir “esta opción de seguro se queda corta para lo que yo quería/necesitaba”.
También hay que saber en relación con este tipo de seguros que no se pueden dar de baja en cualquier momento, sino que por la Ley de Contrato de Seguro solo se puede anular la póliza al vencimiento del año natural, es decir, a 31 de diciembre. Y, por supuesto, avisando a la compañía con dos meses de antelación tal y como indica dicha ley. Por seguir con el ejemplo de la ligadura de trompas, si yo he contratado este seguro solo para hacerme esta intervención y me la hacen en marzo, voy a tener que seguir con el seguro hasta que finalice el año por mucho que me fastidie.
El mundo de las compañías de seguros es muy amplio, muy denso y con mucha letra pequeña. En lo que hay fijarse siempre es que tengamos claro que den cobertura a aquellas necesidades que tengamos como prioritarias y que sepamos cuáles son las exclusiones más relevantes, aquellas que bajo ninguna circunstancia va a cubrir nuestra compañía.
¿Tenéis seguro de salud privado? ¿Estáis contentos con él? Si tenéis alguna duda en concreto sobre este tema procuraré aclararlo.

Crehadas: Regalos únicos y personalizados. Y con sorteo!

¿Nunca te pasado que no sabes qué regalar? Si es que parece que los peques tienen de todo y que nada va a hacer ilusión. Empiezas a mirar por mil sitios que si ropa, juguetes, libros y, a veces, nada termina de convencer. Pues entonces deberías mirar en Crehadas, porque con un regalo personalizado el acierto es seguro y será algo único.
Ahh… ¿que aún no conocías Crehadas? Pues te cuento… Crehadas es una web de productos artesanales que enamora al primer vistazo. Porque sí, porque lo hecho de forma artesanal tiene un valor y un encanto especial, y sus pinturas y bordados llaman la atención. Tienen una variedad amplísima y no solo para los más peques, sino también para los más mayores.
¿Qué queréis que os diga? Yo hubiera hiperventilado si me hubieran regalado un cuadro así para mi dormitorio cuando tenía 11-12 años

Pero vamos, que no solo hay cuadros pintados a mano, tienen reproducciones en lienzo, placas para puertas, vinilos etc. Además, que son regalos que van a estar presente muchos años. No es un regalo que acabe en el fondo de un cajón y se quede olvidado por siempre jamás.
Y en cuanto a bordados… ¡Qué manos tienen! Si es que cuando se pone amor en lo que se hace el resultado no puede ser mejor… Solo hay que verlo.
No me digas que no es una chulada. Además, puedes elegir colores, motivos diseños… y luego el producto que más te guste: un albornoz, una toalla, una bolsita de merienda, un poncho… Tú mira la web que hay mucha variedad para elegir.
¿Que aún quieres más? Vale. Pues tienen una sección de muñecas que a mí me nubla el sentido. A ver… a mí me parece estupendo que sea un producto hecho en España, que tenga muy buena calidad y todas esas cosas… pero lo que me vuelve loca son las muñecas en sí. ¿Pero habéis visto que caritas? ¡Son achuchables!!! Lo que os voy a decir es tan cierto como que me llamo Cristina, y es que a falta de decidirme por cuál (estoy entre dos), Los Reyes Magos van a traer una a esta casa para mi hija (ejem… para mí). Y encima, están genial de precio. 
Y esto último vamos a sortear por cortesía de Crehadas!!!! ¡¡¡Una preciosa muñeca o muñeco!!! El ganador elegirá qué prefiere, si chico o chica, y además la ropita irá bordada A MANO con el nombre que se quiera. 
¿Qué tienes que hacer? Muy fácil: 
1. Hacerte fan de Pequeñas Personitas en facebook


2. Hacerte fan de Crehadas en facebook


3. Compartir de forma PÚBLICA en facebook la imagen del sorteo, que es ésta:

4. Dejar un comentario en el blog diciendo qué producto te gusta más de la web de Crehadas y con qué nombre nos sigues en facebook.
Ayyyyy y como sé que se acercan las navidades y que os apetece mucho, mucho, podréis conseguir participaciones extra siguiéndonos y compartiendo en twitter con el hastag #sorteocrehadas


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Y si queréis más extras, podéis conseguirlos por seguirnos y compartirlo en google+

Pequeñas Personitas

Crehadas

El plazo para participar es desde hoy día 24 de octubre hasta el 31 de octubre a las 23:59 que quedará cerrado el sorteo. El sorteo está abierto a todo el territorio nacional y el día 2 de octubre se anunciará el ganador en este mismo post.

¡MUCHA SUERTE!
Ya tenemos a la ganadora del sorteo, pero lo primero de todo que sepáis que quienes os habéis apuntado al sorteo vais a tener de regalo uno de estos amorosos conejitos y bordados con la inicial que elijáis al hacer un pedido superior a 20€ en Crehadas hasta el 15 de noviembre. ¡¡¡Si es que Crehadas derrocha amor!!!!!
conejitos bordados Crehadas
¡¡¡¡Y a la ganadora enhorabuena!!! Tienes una semana para ponerte en contacto conmigo y reclamar tu premio o se volverá a sortear.
ganador sorteo

Fobias… ¡Apaga la luzzzz! ¡Apaga la luz!!!!!!!

Los que me conocéis sabéis de sobra que tengo una fobia a los bichos como una catedral de grande. No hay más. Simplemente es superior a mi. Soy capaz de hacer un cuerpo a tierra si veo que algo me sobrevuela o correr los 100 metros lisos mientras chillo como una loca.
Esto es lo que hay… tengo fotos con monos, loros, gatos, perros, conejos e incluso cocodrilos en dos ocasiones distintas. No tengo manías en coger a una rata o a un murciélago, que lo he hecho… pero BICHOS NO. Nunca, jamás, en la vida, que no, que no… No soporto ese superpoder que tienen de estar delante tuyo y de pronto lo tienes rondando alrededor, como un satélite cualquiera. Ora delante, ora detrás…
He hecho el ridículo muchas veces a lo largo de la vida, y oye, no lo puedo evitar. Pero claro, cuando eres madre procuras no transmitir las fobias propias a tus retoños. Por cierto, que no puedo evitar acordarme del post de Trimadre a los 30 que, si no lo habéis leído, es de obligada lectura. Pues eso… que como madre lo que menos me apetece es montar un circo de siete pistas para flipe y alucine de mis hijos…
Pero una cosa son mis pretensiones y otra la más cruda realidad. Mis hijos, y en especial mi hijo (por eso de ser el mayor), están acostumbrados a verme chillar mientras salgo corriendo y hago aspavientos con los brazos. Y ojo, eso que si alguna avispa se acerca a mis hijos he sido hasta capaz de atacarlas con lo que tenga a mano, que suele ser el móvil.
Y aquí llega mi última aventura. Viernes por la noche. Después de cenar me salgo a la terraza para fumarme un cigarrito. Como están las luces encendidas entorno todo lo que puedo la puerta, por eso de que no entre ningún indeseado bicho. Pero, como no, llega mi hijo y abre la puerta de par en par. ¿Cuánto pasó? ¿Cinco segundos? A lo que me volví para cerrarla allí estaba ella dando vueltas como un satélite descontrolado alrededor de la luz.
OMG! Agarré a mi hijo del pescuezo y lo arrastré fuera del salón agachada para alejarme lo más posible del bicharraco. Una polilla que bien podría haber sido la prima de Batman por el tamaño que tenía. Corre-corre-corre!!! Y nada más cerrar la puerta del salón a mis espaldas pensé: “He abandonado a mi hija a su suerte…” Y es que la pobre estaba en la trona justo debajo de la lámpara infernal… Pero eeeeehhh, que su padre también estaba en el salón.
Con el corazón desbocado cogí el matamoscas y se lo pasé a Costillo por un resquicio de la puerta. Pero él nada. Muy hombre. Muy práctico. Apagó las luces del salón, abrió la puerta de la terraza y encendió la luz de allí. A los pocos segundos…
– Cris… -con voz arrastrada- que ya se ha ido…
– ¿Estás seguro??
– Que sí… pasa…
Miré por todos lados y no vi nada. Pero mis pelillos seguían de punta y mi radar estaba atascado. Ummpffff. Venga va, me creeré que no está.
Costillo se fue a acostar a la peque (que no había sufrido daños a pesar del abandono) y yo me fui con el peque a ver unos dibus antes de dormir. Y cuando llegó la hora de que papi se fuera a currar, estando los tres en el rellano para despedirnos me suelta Costillo mirando hacia casa…
– ¡Anda! Pues no se había ido. Está en el pasillo.
– ¡No jodas!!! No te vayas sin matarla.
– Me voy, que llego tarde.
– Por favor, no me hagas esto. Mátala!!!!
– Adios.
Y ahí me quedé diciendo “ayyyy ayyyyy”, abrazada a mi hijo y sin querer entrar en casa.
– Mamá, ¿estás bien? Mamá, ¿qué te pasa????
– Que mami está cagada de miedo…
– Ohhh no te preocupes mamá. Un “bezo”.
Entramos en casa en modo ninja, oteando cada centímetro de pared, techo y suelo. Agarrada a mi hijo como una garrapata mientras el pobre me miraba con cara de “¿y esta qué se ha fumado'”. Yo no veía nada. ¿Me habría tomado el pelo mi marido? Él sabe que con estas cosas no se juega…
polilla
Acosté al niño y me fui al ordenador. Estuve un rato entretenida y me levanté a por un vaso de agua. Y de pronto la vi. En la puerta de casa. Quieta ella. Quieta yo. Ni se cuánto estuve sin respirar por si acaso me sentía y se echaba a volar. Joder joder. ¿Y ahora qué? Eso no se puede quedar vivo por casa que me da un parrús. El matamoscas. ¿Dónde leches está??? Joder que no lo encuentro. ¿Y ahora qué hago? Un zapato de Costillo. Un 46 tiene que funcionar. Por favor, que funcione.
Y allá que fui a por un 46, que ni sujetarlo bien con mis mini-manos. Y allí estaba yo. Zapatilla en mano, con las piernas abiertas y ligeramente flexionadas, como una atleta profesional. O como una cobardica que al más mínimo aleteo del bicho hubiera salido corriendo para no salir más hasta que llegaran los GEOS.
Pero no. Sujeté fuerte la zapatilla y cogí aire. PLAAAAMMMMM. Joder, ¡qué subidón! Yeahh yeahhh. Ahí estaba el bicho asqueroso, pegado a mi puerta con las alas abiertas. Y me dí la vuelta. Lo siento, pero en el pack “proezas” no entra la recogida de cadáveres. Eso se lo dejé a Costillo, que me abandonó con el marronazo aéreo en casa.
Por supuesto desde este incidente he doblado las medidas de seguridad en mi casa y ahora cuando salgo a la terraza grito: ¡apaga la luzzz! Y no puedo evitar que me venga esta imagen a la cabeza, porque para mí un insecto es como un dinosaurio.