Mi experiencia con la bicicleta sin pedales

Seguro que habéis visto algunas fotos de mi hijo que he compartido en las distintas redes montando en una bicicleta sin pedales. Muchas sois las que me habéis preguntado que cómo van, qué tal resultan, si las recomiendo… Así que ya por fin me pongo con este post que espero que os aclare algunas dudas, y si tenéis más… ¡preguntad con total libertad!
Empiezo desde el origen de mi historia de la bicicleta sin pedales, que siempre es lo mejor. Ya sabéis que mi hijo es un torbellino y que tiene energía a raudales, además de ser un niño altísimo y grande para su edad. Pues bien, él tenía un correpasillos con forma de moto que le encantaba y que llevaba a todos lados, pero ya las Navidades pasadas le iba muy pequeño. Cuando echaba los pies para correr le rozaban las punteras del zapato en el suelo, signo inequívoco de que había que cambiar a algo mayor.

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Fuente: http://www.momamini.com/


Pues bien, como además se acercaban los Reyes queríamos aprovechar la ocasión para ir mirando, así que fuimos con él a varias tiendas y probar qué es lo que podía ajustarse más a sus necesidades. La verdad es que yo tenía en mente comprarle una bici o algún triciclo grande si lo hubiera porque quería que aprendiera a pedalear y a ejercitar las piernas y su coordinación. Pero la realidad nos abrió los ojos de golpe cuando le empezamos a montar en las bicis de toda la vida con sus pedales, ruedas y ruedines; mi hijo era un bebé de 24 meses muy grande, y por más que de tamaño una bici le fuera al pelo, él no tenía el suficiente desarrollo para manejarla.

Vamos al plan dos, buscamos un triciclo grande. Pues nada, que tampoco, los triciclos más grandes se le quedaban pequeño y las rodillas tocaban el manillar.
¿Y una bicicleta sin pedales? Pues era lo más parecido a un correpasillos sólo que con ruedas muy estrechitas y manillar móvil. Fracaso total. En cuanto el niño se montaba perdía el equilibrio, se le iba el manillar hacia todos los lados y amenazaba con caerse. Seguía siendo demasiado pequeño para usar algo así.
Descartamos todas las ideas que teníamos y compramos un kart a pedales chulísimo y nos pusimos a buscar un correpasillos más grande. Tuvimos suerte y lo encontramos, y la verdad es que lo sigue usando y va de lujo con él, así que la motillo verde se quedó en el trastero.
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Fuente: Injusa
Pero yo me había quedado con la cosilla de la bicicleta sin pedales… y un día a finales de mayo, dando una vuelta por un centro comercial vimos una bicicleta sin pedales de oferta y la compré. Oye, que si no la usa ahora ya la usará. Entonces Adri tenía ya 30 meses. 
Al llegar a casa la montamos y enseguida vimos que ya era el momento adecuado para usarla, en esos 6 meses tenía un sentido del equilibrio mucho mayor, una coordinación mejor y una orientación espacial muy buena que le permitía calcular distancias, giros y golpes de manillar.

Lo bueno que tiene una bicicleta sin pedales (aparte de que los niños hacen ejercicio, claro está) es que los peques adquieren un gran sentido del equilibrio porque tienen que impulsarse con los pies y mantener la bicicleta derecha. Al principio sólo andarán con ella entre las piernas, pero poco a poco, según cojan destreza y confianza, cogerán carrerilla y subirán los pies, dejando que la bicicleta se mueva por inercia. Además, según adquieren destreza motora les sirve para ganar confianza en ellos mismos y fomenta su autoestima.

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Por último, al haber adquirido estas capacidades, cuando llegue el paso a una bicicleta con pedales les será mucho más fácil mantener el equilibrio mientras pedalean porque el ejercicio previo, el de mover las piernas, ya lo tienen ganado. Nada de ruedines. Pasamos de una bicicleta sin pedales a una tradicional con pedales.

Por si os sirve la información, nosotros tenemos ésta de Feber y decir que la tuvimos que cambiar porque el manillar se pasaba de rosca cuando el peque hacía un viraje brusco, con lo que perdía la línea con las ruedas. Nos dieron otra igual porque al ser un “defecto de fabricación” no podían darnos otro artículo y pasa lo mismo. No tan exagerado como antes, pero de vez en cuando hay que corregir el manillar.

Por esto, la verdad es que no recomendaría la de Feber, pero sí que recomiendo a cualquiera que me pregunte que le compre a su peque una bicicleta sin pedales. Me parece una opción muy acertada y los peques la disfrutan mucho a la par que se desarrollan física y mentalmente.

Y por cierto… ¡el casco es obligatorio!!! ¿Tenéis alguna pregunta?

12 Replies to “Mi experiencia con la bicicleta sin pedales”

    1. Creo que sí es mejor porque la evolución es muy natural, han conseguido el equilibrio y sólo tienen que aprender a usar los pedales. Cuando usan ruedines, aprenden a pedalear pero no consiguen el equilibrio, y de pronto llegamos y se los quitamos, haciendo que tengan inseguridad y que no controlen la bici. Tampoco pasa nada, es algo temporal y muchos hemos aprendido con ruedines, pero veo una evolución más lógica con las bicicletas sin pedales
      Besos

  1. Me ha encantado el post porque yo tb había pensado en comprar a Álvaro una bici sin pedales pero un día lo monté en un centro comercial y fue un fracaso.
    Esperaré a los reyes, q ya tiene 30 meses!
    Un beso

  2. Como ya te dije por twitter, esta bici va a caer seguro. Pero me ha venido muy bien leerte, porque así en vez de comprársela ahora por el cumple, esperaré a Reyes, cuando Redondo ya tenga 27 meses.
    Genial el post, gracias por contarnos tu experiencia!

  3. Yo es una idea que me ronda para cuando Monstruita crezca. Pero que tenga freno, porque las he visto sin frenos y a alguno pegarse una leche de cuidado, por no poder frenar (se pegará leches igual pero, al menos, que pueda y sepa frenar).

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