#Retomes: La varita mágica de Ben y Holly (Editado)

Sin ninguna duda el #retomes es una iniciativa la mar de interesante que hasta ahora por falta de tiempo no había podido atender. Me quedé con las ganas de participar en el del mes pasado pero en este, aunque tarde, participo.
Y es que el #retomes planteado por Mamá puede me ha encantado: construir un juguete. No es la primera vez que lo hago y tengo muchos proyectos en mente pero, como siempre, el tiempo juega en mi contra.
Había pensado en hacer un muñequito en fieltro o tela para la peque, tipo un doudou o algún juego de fichas para el mayor peeeeero, el otro día mi niño me dio la gran idea (simple, pero eficaz). Todo vino porque lleva un tiempo viendo unos dibujos animados que le chiflan, que se llaman “El Pequeño Reino de Ben y Holly”, y tanto le gustan que el otro día iba mi hijo con un lápiz agitándolo y diciendo abracadabra (o algo similar) mientras intentaba arreglar una pintura rota. Y qué queréis que os diga… un lápiz no es una varita mágica… así que mami se propuso hacerle una varita mágica de verdad.
El material es la mar de sencillo:

Simplemente hay que recortar dos trozos de goma eva rosa en forma de estrella, cortar un círculo de goma eva blanca para pintar la cara y cubrir el palo con washi tape. Bueno… lo de “simplemente”… en fin… no sé si me animaré con el washi otra vez, porque requiere algo de lo que yo voy justita: paciencia. Se me rompía, se hacían pegotes, se me enredaba… vamos… una delicia para mis nervios.

Y ya sólo queda montarla: Pegar el palo con la silicona a los dos trozos de estrella de goma eva, uno por cada lado. Y ponerle la carita a la varita mágica de Ben y Holly.

Estoy deseando dársela esta tarde al llegar a casa del cole y ver qué cara pone. Y sobre todo, me emocionaré si la agita gritando “abracadabra”. 

Si te ha gustado la idea, compártela 😉

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*No me puedo resistir a dejar plasmada la cara de ilusión de mi hijo al ver su varita mágica de Ben y Holly

El caos se aloja en mi casa

Desde que fui a buscar a mi hijo al cole el viernes a las 5 esta casa ha sido el más absoluto caos. No es que de normal sea un museo, ni de lejos, pero vamos, que un momento dado, cuando ya estoy desbordada, podría decir que mi casa es el séptimo círculo del infierno.
Como os digo, esto empezó el viernes por la tarde. Se pasaron los titos también a buscar al sobri y  a echar la tarde, y mi hijo, que se vuelve loco con su tito, se revolucionó más de lo normal. No pasa nada, es lo habitual, lo que pasa que a mi este fin de semana ya me pesa. Cuando conseguimos llegar a casa después de carreras, saltos, gritos, voces y demás comparsa, sus nervios y algarabía le hiceron desmontar la casa. Tirando juguetes al aire, detrás del televisor, una caja de galletas recién abierta tirada por el suelo y luego pisoteada… Estábamos tres adultos y no había forma de frenar a mi hijo querido. No digo más.

Mi cuñada haciendo fotos del cuarto del niño para enseñarlas, porque si no la gente no se lo cree. De hecho, me comentaba mi cuñada que una amiga suya, leyendo el post de El lado oscuro de mis hijos (lo podéis ver aquí), se quedaba alucinada. Decía que yo tenía que ser muyyy tranquila y que a ella le hubiera dado un algo ya… De tranquila nada. Cada día el tic del ojo lo tengo más pronunciado.
Después de la tarde que me dieron, porque la pequeña también se contagió del desenfreno… no quisieron cenar, y de verdad que pasé olímpicamente de insistir lo más mínimo. Entre el trancazo que llevaba, lo mal que me encontraba y el día tan tan largo, los metí a la cama sin cenar. Menos mal que no tardaron mucho en dormirse, porque yo estaba para el arrastre.
Pero el sábado no fue mucho mejor la cosa. Muchos ya habréis vistos las fotos que subí a las distintas redes sociales. Caos y más caos y sudores fríos. Mientras Costillo estuvo en casa la cosa más o menos se sobrellevó, pero en el momento que se fue a trabajar a las 13:30 todo se vino abajo.
Patatas danzando por el pasillo, riñas, portazos y peleas, juguetes esparcidos por doquier, migas de magdalenas hasta el infinito y más allá. Si sólo hubiera sido esto me hubiera dado con un canto en los dientes. Pero no. Más caos, más horror, muerte y destrucción.
– Mamá, voy a hacer caca, pero tú no entres. Vete, vete.
Ainssssss, voy recogiendo la casa, que luego vienen los abuelos y me da hasta vergüenza. Y de pronto oigo ruidos de cajones. No jodas. Voy corriendo al baño. Y ahí estaba mi hijo, con el orinal lleno y con las manos llenas de lápices de ojos y pinturas varias que había sacado de un neceser. Neceser que había tirado al suelo, junto con parte del contenido del cajón, mi cepillo del pelo y alguna cosa más.
Intento no enfadarme, le limpio y lo siento en el bidé para lavarle. Y justo aparece la peque, gateando y directa hacia el rebosante orinal. En su avance movió con su manita el neceser que aún estaba en el suelo. Y lo vi. Menudo refregón de mierda. Hostia puta. NOOOOOOO. Fuera de aquí, no entres. Dejé a mi hijo levitando y sin hacer pie sobre el bidé, con el grifo abierto, saqué a la niña y cerré la puerta. Acabé de limpiar a mi hijo y acordoné la zona. Hasta que no me llegaran refuerzos iba a ser imposible limpiar eso. Respira, respira.
Les puse dibujos y les dí la merienda, a ver si conseguía 5 minutos de paz. Mientras cogía ropa para poner una lavadora oí un ruido de… maracas? un chapoteo? qué carajos…? Mi niña se lo estaba pasando bomba agitando el brick de zumo de su hermano (porque el suyo ya se lo había acabado) con una mano y con la otra extendía el charquito. Ay señor…
Cuando llegaron los abuelos se sorprendieron de verme en pijama aún.
– ¿Es que no tienes ganas de salir y despejarte un rato?
Lo que tengo que despejar es este caos absoluto. Que esto parece zona de guerra. Fuera de aquí. Todos. Ya. Y dejadme limpiar un rato. Que me da grima ver la casa que tengo. Y se fueron. Y pude limpiar. Y tuve que tirar el neceser a la basura. Y meter mi cepillo del pelo en lejía después de limpiarlo bien. No me dio tiempo a limpiar toda la casa, pero bueno, por lo menos algo más digna quedó.
Cuando llegaron del paseo bañaron a los peques y les dieron la cena. Y como yo seguía en modo turbo corriendo por casa como las locas, al ir a coger un pañal del armario de la cría me quedé con la puerta del armario en la mano. Justo me fue para que no se me viniera encima. Claro, es que si siempre he tenido brazos de leñador, desde que soy madre, con tanto llevar niños en volandas, tengo brazos de leñador culturista.
No podía pasar nada más. No, por favor. Pues sí. Por no discutir con mi hijo no le puse pañal para dormir, y cuando a eso de las 12 tuvo un terror nocturno y después de calmarle le quise tapar, vi que se había hecho pis. Ainsssssss. Levanta a Costillo para que te ayude. Trasladar al retoño y cambiarle el pijama y de mientras cambiar sábanas. Todo esto con el sigilo de un ninja porque la otra está dormida en la cama-patera. Y vuelve a traer al retoño al redil.
Hoy la mañana ha comenzado con mi hijo echando un buen chorro de aceite a mi café. Me he tenido que hacer otro. Y los he despachado de casa a los tres. He podido limpiar y hacer la comida. Ahora están durmiendo la siesta. Pero dentro de un rato vendrán los otros yayos, y esto volverá a ser el caos. Os dejo, que tengo que hacer un bizcocho. A ver si no le prendo fuego a la casa…
¿Vuestro fin de semana qué tal? Seguro que más tranquilo que el mio…

Prepárate para el frío con Catimini. Con descuento y sorteo!

Ya sabéis que me encanta Catimini, no es ningún secreto. Y si pudiera tendría casi todas las colecciones en cada temporada. No es sólo por el diseño y que sigan siempre las últimas tendencias en moda infantil (que me vuelve loca) y la calidad de las prendas (que tiene una lavada estupendísima), es que, además, sientan como un guante en esos cuerpecillos que tienen los peques de la casa. Palabrita.
Últimamente está la cosa más achuchada en casa en cuestión de dinero, así que no les he podido comprar aún los conjuntos como marcaba la tradición. Pero en lo que sí he invertido ha sido en los zapatos y abrigos, porque son cosas en las que no puedo mirar el dinero. Mis hijos necesitan zapatos buenos y cómodos y abrigos que abriguen.

¿Por qué los zapatos de Catimini?
Desde el principio mi hijo ha tenido ropa y calzado por demás, porque sí, porque era el primer hijo, primer nieto y primer sobrino y todo era poco. Así que marcas hemos probado a porrillo. Pero cuando el peque de la casa ya empieza a hacerse entender y de los chorrocientos zapatos que tiene, te dice que quiere ponerse los de Catimini y que los otros no, es por algo.
  • Porque es un calzado de piel de altísima calidad
  • Porque la caña del zapato está acolchada para que la comodidad sea máxima.
  • Porque las punteras están reforzadas.
  • Porque tienen holgura suficiente para que a los peques no les apriete y a su vez llevan cordones para ajustarlo a la forma de cada pie.
  • Porque una vez ajustados los cordones tienen una cremallera lateral para que sea más fácil ponerlos y quitarlos

¿Os parece poco?

Para Adri las doradas y azules y para la peque el zapato negro
Y por cierto, hay también colección de bebés y preandantes que son una monada.

En cuanto a los abrigos quizás os preguntéis por qué estos cuando en el mercado hay opciones más baratas… Bueno, pues es porque tengo la garantía de que abrigan de verdad. Yo me he comprado en alguna ocasión abrigos de dos duros y, viviendo en una ciudad como Zaragoza, no los he podido llevar porque iba pelada de frío. No me da la gana que me pase lo mismo con mis hijos, ni que me cojan frío por mirar el precio de una prenda que va a durar toda una temporada o incluso dos, así que prefiero invertir más pero saber que los llevo abrigados en condiciones. Y además son preciosos, cómodos y sientan genial.
Además, como Catimini es todo amor, os regala este descuento de 10€ por cada 60€ de compra, que será válido desde hoy día 24 de septiembre hasta el 5 de octubre. Sólo tenéis que imprimirlo y presentarlo, ¡pero ojo, leed las tiendas para la que es válida la promoción!
Y además de todo esto, nos han cedido estas preciosas gafas para hacer un sorteo. ¿A que son chulísimas? ¿Quieres las rosas o las azules? Habrá un ganador para cada una de ellas. Simplemente tienes que seguir los siguientes pasos:

1. Hacerte fan de Pequeñas Personitas en facebook


2. Hacerte fan de Catimini en facebook

3. Compartir DE FORMA PÚBLICA esta imagen en facebook (ésta y no otra)
4. Dejar un comentario diciendo con qué nombre nos sigues y diciendo qué color de gafas prefieres: las azules o las rosas.
Tenéis desde hoy día 24 de septiembre hasta el 5 de octubre para participar. El día 5 a las 23:59 cerraré el sorteo y anunciaré a los ganadores en este mismo post el día 7. El sorteo es válido sólo para la Península.
Y LOS GANADORES SON…….
GAFAS AZULES
GAFAS ROSAS
ENHORABUENA!!!! Poneros en contacto conmigo para reclamar vuestro premio!

Handwriting Tag

Pues nada, aquí estamos para que conozcáis un poquito mejor otra vez. La culpa la tiene Princess and Owl Stories, que me nomina, me chincha y acabo contando más hasta de lo que sabe mi familia ;).
En esta ocasión la iniciativa viene de Zenapatch y es un cuestionario muy cortito y sencillo. La faena es que os toca descifrar mi letra, así que… sacad el diccionario de jeroglíficos para poder descifrar las respuestas del cuestionario del cuadro:

Y mi handwriting tag….

Si tenéis alguna duda sobre lo escrito podéis preguntar 😉

El lado oscuro de mis hijos

No he podido resistirme a la iniciativa de Baberos y Claquetas sobre el lado oscuro de mis hijos. No es que me parezca una excusa perfecta para desahogarme (que lo es), sino que es una excusa para mostrar la maternidad tal cual es. Nada de niños lechuga haciendo la fotosíntesis en un sofá sin moverse. Eso no existe. El que más o el que menos alguna lía y mi hijo mayor se lleva la medalla de oro.
Guardaré este post como oro en paño y cuando mis hijos sean padres se lo restregaré, como está mandado… que sepan lo que es sufrir y tener los nervios desquiciados MUAHAHAHA (risa maléfica).

Voy a empezar con mi hija, que de momento no ha tenido tiempo de liarme muchas. Luego ya os haré reír con mi adorado hijo.
MI HIJA SÍ…
1.- Es una marrana comiendo. No es sólo es que come con las manos, cosa que a mí me parece estupenda, sino que se restriega la comida por el pelo, la cara, la ropa y mis brazos. Un gusto ver su pelo grasiento a los 10 minutos de haber salido de la ducha.

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2.- Pega puñetazos en la mesa cuando se enfada. Sí. La Cosita tiene un genio de mil pares.
3.- La tengo que ir apartando mientras barro porque se come cualquier trozo de comida que esté barriendo en ese momento. Mezclado con tierra del parque, pelos de gato y lo que se tercie…
4.- Alguna vez la he cazado rebuscando yogures vacíos en el cubo de basura. Puaj.
5.- Casi muero de vergüenza cuando tuve que ir al banco a por una libreta nueva porque se comió un trozo de ella, con banda magnética y todo. Luego que pitamos en los centros comerciales…
Como veis el mundo de mi hija gira alrededor de la comida. Es un pozo sin fondo pero no se le luce NADA. Y no, no la mato de hambre. De hecho, necesito un sueldo sólo para alimentarla a ella…
MI HIJO SÍ…
1.- Coge todo lo que sabe que no tiene que coger y cuando te acercas lo tira al suelo, o por la ventana o donde le parezca…

2.- Pega patadas a todo lo que se cruce en su camino, sea animal o persona desconocida. Yo de mientras me hago la loca… ese niño no es mío.

3.- Llena de arena su palita o su cubo del parque y lo lanza a la cara del niño más cercano o de su hermana. Me encanta ir disculpándome ante toda madre por las fechorías de mi retoño.

4.- Se llena la boca de agua o batido o lo que sea y luego la escupe cual fuente. Da igual que estemos en casa, que en la calle, que en una tienda. Para dejarme bien, vamos…

5.- Levanta una pierna para tirarse un pedo en forma de metralleta RAAAAA-TA-TA-TA-TA-TA

6.- En la fila del supermercado va cogiendo y tocando todo lo que hay a su alcance mientras yo intento contener la marea de brazos que vuelan de un lado a otro (no sé si tengo un niño o un pulpo). Y cuando al dependiente le da la risa y pregunta cómo se llama, una extraña voz sale de mi garganta diciendo: “CHUCKY!! Se llama Chucky!”

7.- Corre detrás del gato con la escoba en la mano para atizarle, o con un botellín de agua para tirárselo por encima o incluso un yogur (el yogur seco en el pelo del gato sirve para depilarle al quitárselo). El gato está tan acojonado que rara vez sale de mi cuarto.

8.- Es capaz de desmontar la casa en lo que dura un pestañeo. La pena es que a mí no me cuesta lo mismo recogerla…

9.- Tiene todas las paredes de mi casa pintarrajeadas y con gomets. Un artista.

10. Gracias a Dios las barras de labios sólo las usa para pintarme los muebles y las baldosas del baño o pintarse él la cara.

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Lo dejo aquí pero que sepáis que podría seguir. Podría escribir un libro sin ningún problema. Y me forraría. Os quejáis de vicio, queridas mías. Si os dejara a mi niño una semana más de una acababa en el psiquiatra.

Pero bueno, ahora que os he contado el lado oscuro de mis hijos he decir que me río mucho con ellos, que me lo paso bomba y que los disfruto a tope.

¿Y qué hay de los vuestros? ¿Tienen un lado oscuro?