Maternidad y sexo por fascículos

Hoy voy a poner las cartas sobre la mesa y voy a hablar de algo que nos sucede a muchas parejas en nuestro día a día (o por lo menos me pasa a mí y espero no ser la única ;P): el sexo por fascículos.
¿Eins? ¿Y eso qué es? Pues eso no es otra cosa más que tener que dejar la faena a medias una y otra vez por atender a la llamada de los retoños. Es lo que tiene ser madre… que hay hijos que pueden interrumpir estas cosas.

Una que ya entrada en la treintena disfruta más que nunca del sexo en pareja, que no tiene tapujos en pedir lo que quiere y en dar lo que le gusta al otro. Pues ahora tururú. Hay días que sin problema, no voy a mentir, pero otros… Son esos otros los que me han llevado a escribir este post y los que hacen que me muera de risa. Porque ante todo… HUMOR!
Fuente: http://mujeres.publimetro.com.mx/
Visualicen (o mejor no, que me da vergüenza XD): pareja metida en faena. Jolgorio. Risas compartidas. Amor del bueno. Sexo del mejor. Niños plácidamente dormidos cuando de pronto… “BUAAAAAHHHH”. Dios de mi vida y de mi corazón. ¿Y ahora qué hacemos? Ir a atender la llamada, desde luego, pero ¿quién va? ¿mamá chorreante de amor? ¿o tal vez papá con el asunto en todo su esplendor? Menudo dilema… Y te da la risa porque sí, porque hay que reír.
Una vez solucionado el problemilla llega la segunda parte: retomar donde lo habíamos dejado… hay que volver a levantar la lujuria (ya me entendéis…), volver a calentar el horno porque se ha quedado un poco seco y frío y todas estas cosas… Y cuando parece que vuelves a encontrar el ritmo, que la fiesta está en lo mejor de lo mejor… “¡Agua!! ¡Quiero agua!!”. Mátamecamión. Really??? ¿Otra vez? ¿Ahora el otro??? Vaya corte. Pues nada… si hay que ir se va… 
Un, dos, tres, empezamos otra vez. Y retomamos el tema, nos ponemos al día. Y lo pasamos bien. Y cuando notas que van a llegar los fuegos artificiales… ¡¡Lloros otra vez!! No puede ser. Ahora no. Espera un poco que ya casi acabamos…
Pero no. Hay que acudir a la llamada. Cada vez justo cuando estamos en lo mejor. No pasa nada. Esto es lo que hay. En la siguiente entrega de sexo por fascículos acabamos la fiesta con un “venga, va, deprisita antes de que se vuelvan a despertar”.
¿A vosotras os ha pasado alguna vez? ¡Venga! ¡Confesad!! ;P

Crónica de mi cumpleaños… ¿feliz?

El día 25 fue mi cumple. No esperaba nada especial porque ya lo había hablado con mi marido y además unos días antes me había comprado un capricho. No está la cosa para tirar cohetes así que ni fiesta ni gaitas. Un pastelito para nosotros cuatro y soplar las velas y tirando millas. Lo que sí esperaba, para ser honesta, era pasar un día relajado y feliz. Lamentablemente el destino tenía otros planes para mí.

Que poco después de media noche (de la noche del 24 al 25) mi hija querida se despertara con ganas de jarana al ritmo del baile de la croqueta por la cama, despertando mil veces a su hermano (ya sabéis…. cama-patera…) era el preludio de lo que iba a ser un cumpleaños estresante y poco lucido. Cuando por fin se volvió a dormir la niña de mis ojos y de corazón eran bien pasadas las 3. Un gusto,vamos.

Amanecemos bien prontito, of course, y me toca trote cochinero para vestirles y arreglarme porque justo ese día me tocaba hacer acto de presencia en la oficina del paro, y no para darme un trabajo para morirse de puro bueno, ni para regalarme una subida en mi prestación. Pero vamos, lo mejor fue el viaje en tranvía, donde mi adorado retoño se puso a hacer el mandril y en un ataque de infancia pura tiró su pelota pink por los aires dándole a una señora en toda la cabeza. Adorable. Memorable.
Si hasta aquí no hay bastante estrés, vamos a sumar que acabada esta gestión hubo que ir al encuentro de los yayos, que querían felicitarme en persona en un día tan especial. Y de paso alterarme aún más a las fieras con los corre-que-te-pillo. Por supuesto que mi hijo acabó saltando en todo charco disponible a su alcance y acabó pegándose un tozolón de padre y muy señor mío.
De vuelta a casa. Corriendo que hay que hacer la comida. Otra vez viajecito con gritos, lloros y pataletas varias tanto en el tranvía como en el autobús. Llegamos a casa. Mis nervios iban dando brincos ya. Despierto de malas formas a Costillo (el pobre había currado de noche) para que los atienda antes de que me de un “algo”. Y ahí, tras una breve meditación le dije: “Hoy cenamos fuera. No cocino esta noche. Un día es un día”.
Algo es algo…
A la tarde nos fuimos de paseo a un centro comercial, ya con intención de buscar un sitio para cenar. Después de pataletas de una, carreras tras el otro y mil nervios más acumulados, mi tensión empezaba a caer en picado, así que nos fuimos a cenar. Nada especial. Unos bocadillos y unas bravas y unos calamares para los niños. Qué horror. Esa mesa diminuta y cuadrada. Esa niña que con sus minibrazos llegaba una y otra vez a cuchillos, vasos y platos por más que los alejara de ella. Ese niño que se metía el pan un trozo de pan en la boca y otro trozo lo tiraba al suelo. Los me subo y me bajo de la silla. Yo con todo lo habido en la mesa apelotonado en mi sitio para evitar la masacre. Costillo cortando calamares a diestro y siniestro, alcanzando bebidas a unos y otros…
Cuando salimos del bar una mirada bastó para entendernos. Una y no más. No volvemos a comer fuera hasta que los niños vayan a la universidad. Eso sí, me quedo con la frase que me dijo al llegar al garaje de casa: “¡Qué barato cobran la guardería!”.

Tutorial para hacer una bolsita de judas

Hasta hace poco rondaba por casa una bolsita de judas en cuero que me encantaba pero hace ya algún tiempo que le he perdido la pista y de nada me sirve preguntarle al resto de habitantes de la casa si saben dónde está. Y me fastidia, porque lo usaba para la chatarrilla de jugar al rabino en la piscina ahora en verano.
Como ya volvemos a subir a la piscina pensé en comprarme otra bolsita de judas peeeeero ¡qué narices!! ¡si lo puedo hacer yo misma!! Tenía todos los materiales salvo un cordón para el cierre así que lo compré y mientras todos se echaban la siesta me puse manos a la obra.


Materiales:



  • Polipiel
  • Cordón. Yo usé cola de ratón pero se puede usar antelina, cuero, una cinta de raso… echadle imaginación
  • Sacabocados. Si no tenéis podéis hacer los agujeros para pasar el cordón con unas tijeras
  • Tijeras
  • Snaps y máquina para ponerlos en el cierre
  • Máquina de coser o aguja e hilo.

Paso a paso:
  • Lo primero es dibujar un círculo en la parte trasera de la tela. Yo me he ayudado del corcho de la foto, pero se puede usar un plato o cualquier otro objeto circular.
  • Cortar un rectángulo unos 5 cm más largo que el círculo. Más vale que sobre y luego si es necesario cortar para ajustar el cierre.
  • Coser el rectángulo al círculo procurando que quede centrado. Lo coseremos de forma que por un lado quede a ras de círculo y por otro sobre lo que hemos cortado de más para que pueda hacer de cierre.
  • Hacer los agujeros para pasar el cordón con el sacabocados.
  • Pasar el cordón por los agujeros. En mi caso he utilizado dos cordones de 40 cm cada uno y lo he hecho doble.
  • Poner los snaps en la solapa de cierre y cortar tela sobrante si queda muy grande.
Y listo!!! A meter la chatarrilla y a fardar de bolsita de judas molona!! ¿Qué os ha parecido?