La Madricienta

Pues sí, a veces me siento como Madricienta. Una mezcla de mamá a tiempo completo y servicio doméstico 24 horas. Dónde dejé a mi yo mujer es algo que desconozco en estos momentos y estoy tan sobrepasada que ni siquiera se si tengo ganas de buscarlo.
Desde que me “invitaron” a abandonar mi puesto de trabajo después de nacer mi segunda hija, y ya hace 9 meses de ello, no conozco otra vida que no sea la de Madricienta. Vivo en una rutina sistemática de “levántate, atiende a uno, atiende a otra, empaqueta al uno con destino guardería, intenta hacer algo en casa, haz comidas, prepara actividades para goce del peque, duchas, cenas y a dormir (o se intenta)”. Y vaya manera de correr el reloj y el calendario, porque pasan las horas y los días y ni me entero. Oye, quieras que no, si tienes un curro, ya tienes que salir de casa, desconectas de niños y a la vuelta los coges con más ganas. Pero esto no es así, a mi no me dejaron conciliar….
Madricienta porque todo gira alrededor de mis hijos. Como está mandado, que para eso son míos. Pero es que llega un momento que tanto tanto casi ahoga… Que un kit kat para mí sola sería como tocar el cielo. Y te levantas un día y gritas y vuelves a gritar porque te sientes frustrada y agobiada. Porque te pasas el día con los niños colgados del cuello y una no tiene tiempo para depilarse las cejas o el bigotillo, ya no hablemos de otros asuntos. Como cuando Cenicienta quería hacerse su vestido para el baile y las hermanastras malvadas le mandaban tareas y tareas. Pues así. Cambia pañales, limpia mocos, comidas, juegos…. pero todo para los demás, que para una misma no hay tiempo.
Y por otro lado esas tareas infinitas y que a cada paso parece multiplicarse. Limpias un cuarto, sales, y a lo que vuelves a entrar dices qué coño ha pasado aquí??? Nunca he sido una maniática de la limpieza, de verdad que no. Pero me da vergüenza que venga alguien a mi casa. Que descubro marcas de dedos pringosos y chocolateados por doquier. Que me puedo pegar una pechá de limpiar y que parezca que no he hecho ni el huevo. Juguetes por medio, ropa que se reproduce, migas de pan y galleta…. No me cunde.
Pero es que encima “es mi obligación”, porque claro, como una ya no es una mujer de provecho fuera de casa, pues tiene que hacer jornada perpetua en casa para compensar. Y aún así ni pagado ni agradecido porque es mi obligación. Y cuando mi mente se revela por el cansancio y por esta cantidad de malos tratos, me encuentro con que no me comprenden. Claro, es que el príncipe azul trabaja fuera de casa y está cansado al llegar, no se le puede pedir más. Que lo haga Madricienta que para eso “no hace nada”.
No sé si existen las Hadas Madrinas y si en caso de existir yo merezco una, pero de verdad que me encantaría esa varita mágica con la que tener mi casa como los chorros, comidas preparadas y que me cambiara el chándal por un look glamuroso. Y si ya me hace de canguro un par de horas… vamos, eso ya sería la leche.

2 Replies to “La Madricienta”

  1. Me estoy leyendo tu blog desde el principio, hasta ahora no he comentado porque se me hace raro comentar entradas antiguas, pero en esta me paro y to doy un abrazo virtual porque casi me haces saltar las lágrimas.. Me has descrito, hasta la última coma. Y que conste que no suelo dar abrazos, soy un poco arisca. Enga un abrazo, compi Madricienta! 🙂

    1. ayyy pues realmente lo siento, porque es una sensación muy mala y tristona. Pero me alegra que me mandes ese abrazo jajajaja, y que conste que yo arisca siempre he sido un rato largo!
      Un enorme abrazo a ti también, y mi café a tu salud!

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