Después de parir: la cruda realidad

Después de una larga espera tienes por fin a tu bebé en
brazos. Lo miras, lo tocas, lo besas… Quieres grabar cada detalle y
cada gesto por siempre. Casi no crees que algo tan maravilloso pueda
estar ocurriendo.
 
Pero qué pronto acaba esta idílica situación… Al poco de
instalarte en tu habitación, intentando descansar un poco del esfuerzo y
trabajo que ha supuesto el parto, comienza a llegar un desfile de
visitas como si de Los Reyes Magos con todo su séquito de pajes se
tratara. Algunas visitas las esperas como normales: los amorosos yayos y yayas, recién estrenados titos y titas… Alguna amiga íntima de la reciente mami… Pero ya!!!
En mi primer parto casi no me podía creer que viniera a verme
gente con la que tenía cero relación y a alguna ni siquiera la conocía. El
aguantar palabras de mi madre como: “Van a venir Fulanita, Menganita y
Zutanita a conocer al niño y traerle un regalito. Pon buena cara”.
Ommmmm. Y qué carajos pintan aquí cuando hace años que no las veo?, y
quién narices es Zutanita????? Que ponga buena cara???? Por qué?? Para
que me traigan una mierda con lacito que yo no he pedido y ni falta que
nos hace??? Yo quisiera saber qué pasa por la mente de estas personas
para molestar a una recién parida a tan alta escala.
Cuando acabas de parir, por lo menos en mi caso, éstas cansada, no
tienes el mejor aspecto del mundo, sangras copiosamente….. A mi no me
dejaban ponerme ni las bragas de rejilla que venden para el postparto de
la cantidad de puntos que llevaba, por qué tengo que mostrar a nadie mi
lamentable situación?
Y ya no solo por la mami… En qué piensa la gente para manosear y coger
en brazos a ese bebé recién nacido? Venga gérmenes!!! Para ir
curtiéndolo desde bien pronto será, y ya de paso atrofiarle el sentido
del olfato por el litro y medio de perfume con el que se han bañado
antes de ir de visita al hospital.
Y llega el momento en el que te dan el alta. Aquella imagen que tienes
grabada en tu mente de portada de revista con la famosilla de turno
posando con su bebé de una forma radiante choca con tu triste realidad.
Que sigues luciendo una barriga como si siguieras estando de 6 meses.
Lejos del glamour de la portada de revista tú llevas un pelo como si te
lo hubiera lamido una vaca. Y lo peor de todo: sales de la protección
del hospital para quedarte a solas con tu bebé y todas las dudas del
mundo. Y ahora qué? Ahora intenta meter en el coche los trescientos
regalos que te han llevado al hospital, tu bolsa, la del bebé y los
centros de flores. 
Llegas a casa y piensas “Por fin. Paaaaaz”. Ja. Poco
después de llegar comienzan a sonar los teléfonos. Claro, esas personas
respetuosas que no han querido ir al hospital por no molestar ahora se
autoinvitan a tu casa para hacerte una visita. Que en casa no
molestan… Una que ya lleva unas horas sin los calmantes en vena, que
los puntos empiezan a parecer agujas candentes, que empiezan a aflorar
nervios mezclados con hormonas y miras alrededor el polvo de los 3 días
que no has estado en casa, así como pelos varios de los dos gatos que
tienes. Y como te puede la vergüenza te pones a adecentar la casa
mientras tu cuerpo grita por el exceso.
Y ya cuando alguna de esas personas te dice “voy, te tengo
al niño y así tu puedes cocinar, lavar ropa…”. Por que no me rematas?? 
En mi segundo parto no pasó nada de esto, ni hablar. Creo
que fui muy clara cuando dije que no quería visitas. Y mi bendita suegra
estuvo un montón de días viniendo a mi casa a atendernos, lo que
agradecí infinito porque me descargó de una parte importante de la faena
y me ayudó a recuperarme.
Una cosa está clara después de lo vivido: no se visita a una parturienta salvo petición expresa de la misma. Y pido perdón por las visitas anteriores a mi situación vivida. Lección aprendida

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